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[Indice alfabético] [Indice
temático]
[Comunicaciones]
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Comunicador como gestor de la complejidad
Aportes de la comunicación desde una mirada prospectivo estratégica.
El caso del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria
(INTA).
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M.
Piola - 2007
[Introducción] [Los
ojos de la mirada] [Comunicación: un
lugar en INTA][Transdisciplina para gestionar
la complejidad] [Bibliografía]
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Introducción
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La composición disciplinaria de una organización
habla mucho de ella. En tiempos de agitación epistemológica,
cuando las certidumbres de una ciencia única no son tan evidentes,
la integración del cuerpo de profesionales desde distintos
ámbitos, puede ser una oportunidad.
Este ensayo propone tomar el caso de una organización
con tradición monodisciplinar (ciencias agropecuarias y vinculadas)
que en los últimos 20 años fue incorporando gradualmente
otras disciplinas sobre todo del campo de lo social. En particular,
se tomará el posible aporte que la comunicación desde
una mirada prospectivo estratégica puede hacer en un organismo
estatal como el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria
(INTA). Creado hace 50 años, se lo pensó para generar,
adaptar y transferir tecnología destinada al bienestar de
la familia rural argentina.
Para ello se elige un recorrido que parte de
un boceto conceptual de la mirada prospectivo-estratégica
de la comunicación, la reconstrucción del vínculo
que la organización ha tenido con la disciplina y finalmente
la propuesta de un comunicador entendido como gestionador de la
complejidad cuyo accionar se orienta por cuatro roles y un compromiso
ético.
El referente empírico que ayuda a ordenar
este trabajo, es la experiencia de diez años de carrera de
comunicador en una Estación Experimental Agropecuaria, cuya
incorporación buscó “realizar una estrategia de comunicación”,
objetivo instalado en la organización desde las primeras
intervenciones de comunicadores. Esta visión de estrategia,
sin embargo, suele considerarse como la sucesión de operaciones
instrumentales y producción de materiales de comunicación.
El proceso de redefinir este concepto, de introducir problemáticas
antes no pensadas (como centralización de procesos, importancia
del factor interno para consolidar el externo, la derivación
de la mirada de los medios a las mediaciones) y mientras tanto de
generar “resultados esperados”, conforma el escenario complejo donde
el profesional se desenvuelve. De la navegación del mismo
y del surgimiento de distintos proyectos donde la comunicación
es central u ocupa un espacio importante desde su especificidad
en proyectos centrados en otras disciplinas, pueden distinguirse
algunas características que permiten pensar desde lo hecho
el rol de los comunicadores.
Como punto de partida se toman desarrollos de
Sandra Massoni (2005), quien durante la década del 90 participó
de distintos proyectos del INTA y cuyas reflexiones sobre esta intervención
aparecen en una parte considerable de su producción teórica.
Sobre ello se imbrica la propuesta de prospectiva que Washington
Uranga expuso en un curso de la carrera de posgrado de Especialización
en Comunicación Ambiental, y que se teje con la producción
de varios comunicadores latinoamericanos a partir del pensamiento
del filósofo francés Gastón Berger.
Si este escrito ayuda a orientar a quienes se
enfrentan a la necesidad de ampliar el espectro disciplinar de sus
proyectos sobre qué puede aportar un comunicador, o a debatir
entre los colegas de la comunicación sobre su rol, el cometido
estará más que cumplido. También será
valioso si sólo sirve para abrir la discusión. En
todos los casos, será bueno saberlo y la autora esperará
ansiosa algún tipo de comentario.
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Los ojos de la mirada
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Ojo de la comunicación: complejo y multidimensional
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En el tablón de nociones la primera que
aparece es comunicación, pensada desde los llamados "nuevos
paradigmas" (por distinción de aquellos sostenidos por
la ciencia clásica), desde la complejidad y multidimensionalidad,
como un espacio de relaciones, sujetos, tiempo, tensiones. Massoni
la define como un "momento relacionante de la dinámica
social, y por lo tanto, como un espacio estratégico para
pensar sus bloqueos y contradicciones" (2000:127). Se aleja
definitivamente de esa concepción de comunicación
con ideal de simetría que se ajustaba a la metáfora
de la aguja hipodérmica 2 . Se
reconoce la diversidad, no hay aspiración de completitud,
son las resonancias parciales que se erigen en momentos relacionantes
de la heterogeneidad cultural (Massoni, 2003). "La comunicación
se convierte en la modelación mutua de un mundo común
a través de una acción conjunta: el acto social del
lenguaje da existencia a nuestro mundo" (Varela, 1988:111).
Desde este abordaje, la comunicación es
transdisciplina, y por tanto, según Jesús Martín
Barbero no como la disolución de los objetos en los de las
disciplinas sociales, sino como "la construcción
de las articulaciones -mediaciones e intertextualidades - que hacen
su especificidad" (2002:217). Es decir, esta especificidad
de objeto está dada por el carácter relacional de
la comunicación, y no como la suma de los objetos de las
ciencias sociales.
Washington Uranga contribuye: "aún
teniendo status propio como campo disciplinar, necesita no obstante
de la relación inter y transdisciplinar para desentrañar
y develar la complejidad de las prácticas sociales".
Además es "una perspectiva de abordaje factible de
ser aplicada a cualquier práctica social" que permite
posicionarse para el análisis pero también para intervenir
y promover el cambio (Uranga de Simone, 2006).
José Marques de Melo, a propósito
de las interacciones sociales, expresa que la comunicación
relaciona distintos actores para la participación y la toma
de decisiones; y que esto se realiza en el marco del reconocimiento
de la identidad cultural. "Así entendida, la comunicación
no está limitada a la presencia de los medios, sino que implica
además una suerte de transversalidad social y la interacción
dinámica de una red de relaciones de personas y grupos donde
media e intervienen otros elementos, espacios, factores, contenidos,
instituciones, etc. que concurren en diversas formas y manifestaciones
de comunicación. Además, sirve de soporte esencial
y motor de actividades de desarrollo, como la educación y
la cultura, la ciencia y el medio ambiente, etc." (Marques
de Melo: 1996:35).
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Ojo de la prospectiva: futuro con libertad
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Propuesta por el filósofo francés
Gaston Berger (1896-1960), la prospectiva es un campo del conocimiento
orientado a la previsión del futuro, y también de
las metodologías para alcanzarlo. Se trata de imaginar escenarios
futuribles (posibles y deseables) y planificar las acciones necesarias
para afrontarlo. Hace más de 30 años, Agustín
Merello diferenció la prospectiva de otras vías de
aproximación al futuro, donde la atracción sobre el
porvenir es a partir del futuro y no del presente. "La prospectiva
no busca adivinar el futuro, sino que pretende construirlo".
(Tello y Miklos, 2002). Se trabaja en la configuración de
un futuro deseable e imaginado, para luego reflexionar sobre el
presente y accionar para incidir hacia ese futuro objetivado. Las
características principales de la prospectiva son: la visión
holística, la consideración de variables cualitativas,
las relaciones dinámicas, la creatividad y la participación.
Merello invita a "remontar el vuelo imaginativo",
en una apelación a la utopía para "articular
esfuerzos concretos para transformar la realidad" (1973).
En esta visión esperanzadora y transformadora, no se busca
adivinar ni diseñar el futuro exclusivamente, sino que invita
a una actitud para la acción. Incluye análisis de
los procesos, construcción con los "otros", entender
el futuro como un espacio de voluntad, de innovación.
La prospectiva se diferencia de la proferencia.
En esta última, se revisan las regularidades del pasado desde
el hoy y proyecta lo que será el futuro. En sí misma
está limitada por el pasado. La prospectiva, en cambio, invita
a pensar el futuro con libertad. Merello metaforiza: "¿Acaso
ustedes son capaces de conducir un auto en una carretera sólo
mirando por los espejos retrovisores?" (1973).
Mojica escribe "el concepto de prospectiva supone la fuerza
creadora del hombre para dominar y transformar la naturaleza y está
estrechamente relacionado con la noción de libertad, entendida
como la capacidad que tiene la voluntad para obrar de una manera
o de otra. Se podría decir que la construcción del
futuro no fuera ni posible ni entendible si el hombre no tuviera
la suficiente libertad para llevarla a cabo. Pero, a su vez, la
voluntad obra movida por la claridad que le proporciona el intelecto.
Con esto queremos decir que si no hay libertad no puede haber asentimiento
de la voluntad y si no hay adhesión de la voluntad es posible
que no haya habido pleno conocimiento de la realidad. Por lo tanto,
construir el futuro supone tener el suficiente control sobre la
situación y saber con certeza lo que se quiere lograr".
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Ojo de lo estratégico: comprensión e incertidumbre
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Lo estratégico suele estar asociado a
la teoría de los juegos (y la guerra). Se lo visualiza como
la prescripción de acciones sucesivas para la consecución
de un fin. Aquí en cambio, siguiendo la propuesta de comunicación
como espacio par pensar la producción y la crisis, no opera
en términos de eficacia. "La estrategia es un escenario
de acción que puede modificarse en función de las
informaciones, de los acontecimientos, de los azares que sobrevengan
en el curso de la acción (...) , es el arte de trabajar con
la incertidumbre" (Morin, 1994:439).
"Una estrategia de comunicación
es, para nosotros, un proyecto de comprensión, un principio
de inteligibilidad que busca abordar a la comunicación como
fenómeno complejo y fluido" (Massoni, 2003). En
este sentido, opera en la distinción de las dimensiones de
la comunicación como fenómeno complejo. Una estrategia
"se determina teniendo en cuenta una situación aleatoria,
elementos adversos e, inclusive, adversarios, y está destinada
a modificarse en función de las informaciones provistas durante
el proceso" (Morin, 1990:127).
La comunicación estratégica propone
un enfoque contextual y constructivista, es investigar "para
el cambio social en el entorno de diferentes programas y proyectos".
Se sustenta en un modelo de "acción concertada para
el desarrollo sostenible, entendido como cambio social conversacional"
(Massoni, 2005:134).
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Comunicación: un lugar en INTA
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Las formas de la comunicación rural en el tiempo
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El abordaje de la comunicación en el Instituto
Nacional de Tecnología Agropecuaria tiene tantos años
como la organización misma, lo que es más reciente
es la incorporación de profesionales específicos de
la disciplina. Creado en 1956, el INTA surgió con el propósito
de "impulsar y vigorizar el desarrollo de la investigación
y extensión agropecuarias y acelerar con los beneficios de
estas funciones fundamentales: la tecnificación y el mejoramiento
de la empresa agraria y de la vida rural" según
reza en ley de creación. Aquí ya hace su aparición
la idea de comunicación, desde la mirada que en aquellos
años se tenía de la misma, a través del término
extensión.
En 1962 Everett Rogers publica una obra que marca
un hito en el campo de la extensión rural: "Diffusion
of Innovations", con marcas de racionalidad que definen cómo
se pensaba entonces la comunicación (como difusión).
Sandra Massoni (2005) diferencia tres épocas
en la comunicación rural Argentina -con el INTA como actor
central-, asociadas a un énfasis en el tipo de relacionamiento:
- Tecnificación del sector agropecuario, con énfasis
en la emisión
- Mercado y agriculturización del sector agropecuario,
con énfasis en la interacción
- Globalización e intensificación del sector agropecuario,
con énfasis en las relaciones.
Cada etapa se corresponde con un momento económico-político
del país, con un tipo de audiencia que se privilegia, modalidad
de los mensajes e interés focalizado.
La primera etapa, de la tecnificación,
tiene su inicio con la creación del INTA en 1956 y se extiende
hasta mediados de 1970. En esta época se establecen políticas
de extensión donde se visualiza al productor como "receptor"
de información, y por tanto, el énfasis en la emisión.
Los medios masivos de comunicación se constituyen en amplificadores
rápidos y económicos y las "carpetas técnicas"
son dispositivos de esa información. Hay una conceptualización
operativa de la comunicación rural, en tanto transmisión
de información como finalidad predeterminada: los efectos.
La información transforma lo real. Los mensajes como "transferibles",
son paquetes tecnológicos donde hay que adecuar el código,
los canales y soportes para las audiencias. Se mide por los productos:
cantidad de publicaciones, reuniones, mensajes. Una síntesis
de esta etapa para el INTA podría ser: se genera información
sobre nuevas tecnologías, se transmite, los productores la
incorporan y transforman sus prácticas para el crecimiento
productivo del país y el bienestar de la familia rural.
A continuación, y con énfasis en
la interacción, la etapa del mercado que se extiende hasta
mediados de los 80 con la propuesta de un sistema de extensión
que rearticula la relación público-privado. El modelo
comunicacional es la "experimentación adaptativa",
es decir, la prueba de las tecnologías y su adaptación
a condiciones de producción en terreno. Hay valorización
de la experiencia local y regional como validación. Comienza
a visualizarse mayor complejidad en el sistema agropecuario, con
la inclusión de nuevos actores. Se trabaja sobre la caracterización
socioeconómica de los destinatarios, como garantía
de distribución de innovación, así como sobre
la maximización del proceso de circulación y actualización
de conocimiento.
La última etapa que propone Massoni es
la etapa de la globalización e intensificación del
sector agropecuario. Con énfasis en las relaciones, ella
la ubica hasta la actualidad pero aquí se propone una cuarta
etapa a partir del 2000. Es la época del sistema coordinado
de extensión, con un intento de reposicionamiento. Coincide
con cambios en el Estado, y la modalidad de trabajo que se establece
es "por proyectos". De pensar al productor como colono,
se lo pasa a entender como empresario rural. En el INTA se cambia
extensionistas por Agentes de Proyecto. La idea de "destinatarios"
a la de "actores". La televisión por cable, entre
otros medios, multiplica la oferta de canales, e incluso surgen
los específicos del sector. Además, la computadora
y más recientemente internet son herramientas que se incorporan
en el trabajo cotidiano. La comunicación se consolida conceptualmente
como espacio de cruce de lo social. Las relaciones son redes complejas,
y la tecnología como aparato cambia a tecnología como
matriz de conversación social. (Massoni:2005)
Los últimos años del INTA, permiten
vislumbrar un esbozo de nueva etapa. Aunque desde 1990 se trabaja
con poblaciones urbanas más vulnerables en el marco del Prohuerta,
a partir del 2000 comienza a reformularse la política de
extensión con la incorporación definitiva de lo urbano
a lo rural. Aquí aparece el énfasis en la complejidad
de la comunicación. Coincide con el rediseño institucional
del INTA hacia una organización matricial centrada en proyectos
por sistemas y áreas disciplinares, donde la comunicación
es transversal a la organización. El giro en la política
de extensión incluyendo con una nueva filosofía de
intervención a poblaciones periurbanas o pequeñas
comunidades para el desarrollo local.
Por su parte, las etapas anteriores arrastran
sus características y se imbrican en un escenario complejo
donde lo central es justamente la convivencia de todo. Nuevos actores
entran en juego, accionar, territorios, y un ajuste de los objetivos
institucionales al trípode conformado por la competitividad
(mayor producción y eficiencia), sustentabilidad (cuidado
del medioambiente y sostenimiento en el tiempo) y equidad (inclusión
de los excluidos).
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La inclusión profesional de la comunicación
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En el transitar de estas etapas, el espacio del profesional de
la comunicación ha cumplido roles y expectativas distintas:
-> Etapa de la emisión. No hay graduados universitarios
de la disciplina. La función la cumplen los "extensionistas".
Básicamente Ingenieros Agrónomos que manejan equipamiento
de comunicación de la época (rotafolios, proyectores
de diapositivas, de opacos y de cine) y generan espacios de aprendizajes
con grupos de productores. También escriben para medios
locales, o generan sus propios medios gráficos. En esta
época también suele haber maestras o licenciadas
en educación trabajando en los grupos de "Hogar Rural",
destinados a las mujeres del campo. En muchos casos, reciben algún
tipo de capacitación específica en técnicas
de extensión. Esto último se repite en las etapas
siguientes.
En las áreas de "comunicaciones" del INTA, generalmente
hay técnicos o personal idóneo especializado en
la producción de materiales: fotógrafos, dibujantes,
diagramadores e imprenteros, tipeadoras, etc. Mientras la generación
de contenidos queda en manos de los ingenieros, el espacio de
la técnica de la comunicación se limita a lo instrumental.
-> Etapa de la interacción. Sobre el final de
esta etapa empiezan a incorporarse gradualmente profesionales
en comunicación, también al ritmo que aparecen o
se consolidan unidades académicas con este perfil. Los
extensionistas siguen teniendo la "responsabilidad de la
comunicación", y en esta etapa a la emisión
(difusión) y generación de contenidos (información),
suman la generación de espacios de interacción.
Con los primeros graduados de escuelas de comunicación,
en general incorporados a equipos de extensión en algunas
unidades, aparece esta concepción de expertos en traducción
de contenidos técnicos cuya función es adaptarlos
a las audiencias variadas que comienzan a diferenciarse en el
INTA. Mientras la comunicación sigue viéndose como
instrumental, es la primera señal que ingresa como gota
para oradar la piedra. La mirada hegemónica de la organización
sigue siendo de la comunicación como transmisión,
aunque ahora se visualiza una audiencia más amplia y segmentada
para lo cual hay que adaptar los mensajes teniendo en cuenta esta
diversificación.
-> Etapa del énfasis de las relaciones. La nueva
mirada organizacional -especialmente la aparición del Proyecto
Cambio Rural-, el crecimiento de la disciplina en el ámbito
académico, las experiencias positivas con los pocos profesionales
de la comunicación ya insertos en la organización,
son probablemente algunos de los desencadenantes para la incorporación
de comunicadores al INTA hasta alcanzar casi un profesional cada
dos unidades en todo el país.
En el marco hegemónico, hay una mirada de la ciencia donde
la comunicación sigue funcionando como espacio de servicios
que enfatiza el accionar en lo instrumental. Sin embargo, la incorporación
gradual de comunicadores y el encuentro entre ellos, empieza a
generar propuestas alternativas para pensar a la comunicación.
En esta etapa se publican investigaciones en comunicación
sobre intervenciones puntuales, se generan diagnósticos
en distintos lugares del país, el armado de estrategias
cada vez que un profesional se incorpora a la unidad. Aparece
la idea de la comunicación pensada desde el inicio de los
procesos, no como instancia final.
Además, se incrementa la injerencia universitaria de la
comunicación en las Estaciones Experimentales.
-> Etapa del énfasis de la complejidad.
Está signada por cambios económico-sociales del
país y por tanto de la organización, que en los
últimos años de la década anterior venía
trabajando para recuperar su autarquía y revitalizar su
funcionamiento. Pasada la crisis del 2001, y recuperada la autarquía,
la inyección de recursos económicos y el rediseño
institucional habilitan a otras disciplinas más allá
de la hegemónica. Con distintos espacios de inserción,
se generan proyectos que se constituyen en "gestores de la
complejidad de la comunicación", algunos con énfasis
en lo institucional, y otros más orientados al apoyo de
áreas de extensión con una mirada de intervención
socio-cultural.
Desde esta última etapa se pretende mostrar qué
aportes disciplinares pueden hacerse en la organización,
tratando de deconstruir esta idea de "gestionar la complejidad
de la comunicación" para poder comprenderla.
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Transdisciplina para gestionar la complejidad
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En tanto compleja, la comunicación se
teje en una trama de distintos elementos-procesos como: actores
agrupados según identidades sociales, económicas,
generacionales, geográficas, motivacionales, etc; objetivos
profundamente diferentes y con distintas combinaciones sobre el
trípode competitividad, sustentabilidad y equidad; redes
de poder; tecnologías de productos y de procesos -con la
particularidad que las tecnologías de la comunicación
e información cambian vertiginosamente-; ampliación
del espectro disciplinar que hace aportes, con campos del conocimiento
relativamente "nuevos" (administración de empresas,
biotecnología, comunicación como ciencia).
Mientras tanto, enactúan
3 las resonancias que las nuevas tecnologías
de la comunicación y la información provocan en la
organización como: la dimensión del todo institucional
a partir de los contactos constantes y extendidos versus la revalorización
de lo local; la acumulación exponencial de la información
y su carácter efímero; la incorporación de
la gestión institucional como espacio de conversación.
Si como arguye Martín-Barbero, la especificidad
de comunicación es la noción de transdisciplina que
funciona como articuladora (2002:217), el rol del comunicador será
justamente el de dar visibilidad a los escenarios -estrategia como
proyecto de comprensión (Massoni:2003)- para poder accionar
en ellos, y especialmente proyectándose hacia escenarios
futurables. Eduardo Vízer explica: "la comunicación
puede ser precisamente una perspectiva de interpretación
que "cruce" los límites disciplinarios y ayude
a construir un metanivel de comprensión sobre la complejidad
conflictiva y la multidimensionalidad de los procesos que se articulan
con una realidad dada" (2003:157). Así el comunicador
se convierte en el articulador de los saberes y prácticas
en el espacio de lo público, espacio de lo común.
Es un facilitador del diálogo público.
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Cuatro roles y un compromiso ético
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Esta configuración permite pensar cuatro
roles para el nuevo comunicador devenido en gestor de la complejidad:
analista, gestor, animador y generador. Los cuatro son solidarios
entre sí y siempre deberá considerárselos en
convivencia.
Rol del analista-deconstructor
Por ser la comunicación justamente el
momento relacionante de la diversidad sociocultural, el profesional
que desde allí trabaja debe poder ser un analista de las
situaciones comunicacionales con la aspiración de comprenderlas
y hacerlas inteligibles para los demás.
En una reunión para escribir un proyecto,
en la organización de una capacitación, en la implementación
de una disposición superior; siempre que haya intercambio
de actores, relaciones de poder (desigual), intereses contrapuestos,
objetivos más o menos específicos, producciones de
sentido, relaciones por hegemonías, será necesario
un profesional que pueda generar las articulaciones.
En este rol busca dar visibilidad a aquellas cuestiones que permanecen
ocultas por no poder interpretarse. Las situaciones comunicacionales
son centrales en el funcionamiento organizacional y allí
los comunicadores tienen que estar preparados para deconstruir aquello
que no aparece obvio a simple vista.
En este rol se presenta otra de las competencias
de un profesional, la de investigar. En el caso de este comunicador,
con el abordaje comunicación-acción, con la generación
de conocimiento científico a partir de la propia intervención,
buscando regularidades y produciendo teoría.
Su aporte es central en la génesis de
proyectos de investigación y transferencia, desde el punto
de vista metodológico pero especialmente del epistemológico.
La comprensión de la tecnología como algo humano,
como algo en movimiento, como algo que no alcanza la completitud.
Rol del gestor de conocimientos
La gestión del conocimiento no es una
práctica arraigada en el ejercicio institucional. En los
últimos años se ha incorporado como un deber y una
nueva ola en los discursos gerenciales, pero la complejidad de la
organización a la hora de ponerla en funcionamiento se topa
con limitaciones que la anulan. El conocimiento no gestionado con
una visión integral, de proceso y de complejidad, sigue siendo
conocimiento acumulado que solo pueden poner en funcionamiento los
baquianos en recorrerlo.
Algunas pautas para este rol es erigirlo como
un objetivo desde el principio, no tratarlo de "recuperar"
después. Es aplicarlo desde situaciones pequeñas y
locales, aspirando a cruzarse con otras y encastrarse con otras.
Es promover que el procedimiento sea lo más independiente
de las personas que sea posible, así como que los mecanismos
estén al alcance de todos.
Este rol incluye la articulación de saberes.
No existen disciplinas más o menos rigurosas, más
o menos adecuadas, y la instancia de interdisciplinariedad que cada
vez más se pregona al interior de la organización
debe cristalizar en caminos donde confluyan los distintos aportes
con una mirada abarcadora.
Aporta a este rol, la técnica mejor abrazada
por Foucault, la genealogía. A partir de hechos aparentemente
insignificantes propone recuperar las tramas que constituyen el
poder. Esta metodología permite recuperar en la investigación
social -o simplemente en la investigación- aquellas marcas
que condicionan la actualidad de lo abordado. Con la tensión
entre saber erudito y local, entre memoria histórica y contrahistoria,
en movimiento de acoplamiento, la genealogía tiene mucho
por hacer. También invita a trabajar a partir de las discontinuidades
y las recurrencias de los hechos a lo largo de su emergencia. No
busca el origen que por definición tiene un ex ante su existencia.
Foucault sentencia "la genealogía debe conducir la
lucha justamente contra los efectos de poder de un discurso considerado
científico". (1975:16)
Rol del animador
Muchas veces restringido a otras disciplinas que cuentan con herramientas
más específicas de animación, aquí el
concepto supera a las dinámicas de grupos, y se extiende
a la promoción de espacios de intercambio y participación.
En ese sentido el comunicador deberá favorecer el diálogo
y favorecer la construcción de futuro en tanto movimiento
destinado al cambio.
En la descripción de este rol, vale destacar
que participación no es igualitarismo, porque la igualdad
no existe. Es a partir de reconocer la asimetría, la diversidad,
de reconocer al otro que se puede facilitar el diálogo público
y enriquecer los espacios de encuentro.
El reconocimiento del propio lugar desde donde
se habla, y la visualización de los otros en diálogo,
es un rol fundamental que puede agilizar los procesos para confluir
hacia espacios compartidos.
Rol del generador-constructor
El último rol es el que representa la
mayor aproximación al que suele atribuirse al comunicador.
Aquí aparece la cuestión instrumental, indicador típico
para medir el aporte profesional. Pero esto no es más que
concurrencia de distintas herramientas en uno de los caminos posibles
para acometer un problema y no puede ser abordado aisladamente.
Lo central es la construcción de ese camino, y por ello este
rol es de generador de alternativas.
Este rol incluye la planificación, debe
hacerse con la visión de movimiento y con la posibilidad
constante de cambio como oportunidad, no amenaza. En otras palabras,
aquí el comunicador es un articulador de prácticas.
Roles productivos y compromiso ético
Aunque podría pensarse que el cuarto rol
es el productivo por excelencia, en realidad, lo son los cuatro.
Mientras desde el primero se produce inteligibilidad para la acción,
en el segundo conocimiento del proceso en movimiento, en el tercero
enriquecimiento a partir de la participación, el último
encuentra lo que la vieja episteme comunicacional llama productos.
Pero además, el desafío que presentan los autores
que se ubican desde los nuevos paradigmas, y los que escriben desde
la mirada prospectivo-estratégica, es la superación
de lo disciplinar hacia el campo del compromiso ético. Es
que como lo explica Rolf Behncke C. en el prólogo de "El
árbol del conocimiento" (Maturana, Varela: 2002:7):
"toda experiencia cognoscitiva involucra al que conoce de
una manera personal, enraizada en su estructura biológica,
donde toda la experiencia de certidumbre es un fenómeno individual
ciego al acto cognoscitivo del otro, en una sociedad que (como veremos)
sólo se trasciende en el mundo que se crea con él".
Es la contraparte de lo que Varela profiere en una entrevista cuando
dice: "mi desarrollo personal es, en cierto modo, la expresión
de mi teoría" (Instituto Chileno de Desarrollo Personal
y Habitar en Balance: 2003).
Este compromiso ético es ante todo una
visión optimista del futuro, como algo sobre lo que se puede
accionar, una posición que no acepta los destinos como cuestiones
resueltas. Es la aspiración de convertir la realidad en morada
explicándola, transfigurándola y transformándola
(Marina, 2000:18), "vivir es actuar, no sólo opinar"
(2000:32). Se trata de la responsabilidad de innovar hacia un futuro
como espacio de voluntad, con escenarios futurables: posibles y
deseables. En ambas: prospectiva y estrategia, subyace la postura
ética con relación a la investigación y su
distinción de otras perspectivas. Mientras aquellas se fundan
en instrumentos de legitimación, renuncian a la inteligibilidad
y quedan a merced de la certeza con el afán de consolidar
un campo de conocimiento con estatus académico; éstas
se plantean como foco de comprensión (Martín-Barbero,
2002:242) y transformación.
Quedan planteados los desafíos de esta
forma de entender la profesión del comunicador: innovación,
optimismo y compromiso ético. Entender la gestión
de la complejidad como una destreza es una opción para emprender
este camino.
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Bibliografía
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2003 "Entrevista a Francisco Varela" en Revista Vortex
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y Habitar en Balance; a.I, n. 5. (mar. 2003)
Marina, José Antonio 2000 "Crónicas de la
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Marques De Melo, José 1996 "Identidades culturales
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Tiempo de la comunicación global. Sâo Paulo, Ed.
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2 - La metáfora alude a la idea que la transmisión
de información funciona como una inyección, con un emisor
que envía un mensaje, y es incorporado totalmente por el receptor.
Corresponde a la teoría de la matemática de la comunicación
y por tanto a los trabajos de Claude E. Shannon y Warren Weaver.
3 El término enacción es propuesto por
Francisco Varela, como alternativa a la concepción clásica
de la cognición que busca conocer un mundo que está
dado de antemano, por otro que emerge de la una circularidad que se
da entre acción/interpretación. Toma el término
del inglés enaction (representar en tanto desempeñar
un papel, actuar), y de la idea de bring forth (hacer emerger) (1988:
89). Quizás resulte ilustrativo el ejemplo por él citado:
"La orientación enactiva propone un camino intermedio
para trascender ambos extremos: darnos cuenta de que (como bien saben
los granjeros) el huevo y la gallina se definen mutuamente, son correlativos".
(1988:101) |
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Ultima actualización :
19.06.2007
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