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Resumen
En las últimas décadas en Argentina, se han
promovido políticas de Estado orientadas a aplicar ajustes estructurales
con la consecuente ruptura sistemática de contratos sociales y de los
sistemas económicos – productivos, afectando todas las dimensiones del
desarrollo. En este marco, dos Departamentos, Loventué en la Provincia
de La Pampa (Argentina) y Feliciano en la Provincia de Entre Ríos
(Argentina), inician acciones endógenas con base en la equidad
socioterritorial. La revalorización de las organizaciones sociales de
base, el fortalecimiento institucional y las articulaciones entre
actores facilitan la participación de la sociedad civil en la definición
del proceso de desarrollo, promoviendo la organización ciudadana por
medio de nuevas institucionalidades que respondan y se involucren en
acciones que construyan el presente y el futuro del territorio,
consolidando y construyendo redes sociales. Pero, ¿Cuáles son los
modelos que sustentan las nuevas formas institucionales? ¿Cuales son sus
características? ¿Cómo se articulan las instituciones preexistentes en
cada uno de estos nuevos modelos? En este trabajo se intenta responder a
estas cuestiones analizando comparativamente ambos procesos e intentando
aportar algunos criterios a la construcción de modelos de intervención
en procesos de desarrollo local. arriba
Feliciano y Loventué. Dos experiencias de desarrollo territorial
Introducción
El Departamento Feliciano (299.800 ha) forma parte
del territorio más pobre Entre Ríos, denominado Centro Norte, de clima
subtropical, fitogeográficamente caracterizado por el dominante monte
del espinal.
En este contexto, Feliciano se destaca por los
altos índices de ruralidad. Según los últimos censos su población se fue
masculinizando y envejeciendo a consecuencia de las fuertes migraciones
hacia centros urbanos, como resultado de la pobreza estructural,
desocupación, analfabetismo y desnutrición.
La unidad económica reconocida tradicionalmente
para la zona, según la producción habitual, es superior a las 800
hectáreas. No obstante ello, el Departamento presenta sólo el 13 % de
predios mayores de 500 hectáreas, los que detentan la propiedad del 80%
de la superficie departamental. El resto de las unidades tienen por
debajo de esta cifra, predominando en un 50% aproximadamente las
inferiores a 50 hectáreas, lo que constituye un cinturón ejidal
minifundista de economía de subsistencia.
La actividad económica productiva tradicional es la
ganadería de cría bajo monte nativo. No obstante ello, durante las
décadas del ´50 y ´60 se produjo un auge del cultivo de algodón y arroz,
lo que decayó por las recesiones de los mercados internacionales a
mediados de los años ´70, sumiendo a la región en un mayor deterioro,
situación que se prolongó en el tiempo.
El proceso de globalización creciente, tanto
económico como social y cultural, acentúo aún más la marginalidad de la
población. Como fenómeno general en el país, la agriculturización en
respuesta a los buenos precios internacionales y a la tecnología de
siembra directa, generó una fuerte caída en los rodeos ganaderos. Si
bien en Feliciano las condiciones agroecológicas permitieron que sólo un
15 % de la superficie agropecuaria se trasladara a la actividad
agrícola, la presión sobre la tierra en ese y otros Departamentos, operó
en detrimento de la ganadería. La crisis en la producción característica
de la región, la descentralización del Estado y las medidas de
desregulación del mercado de trabajo entre otras, provocaron incrementos
en los índices de las Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI),
desempleo, desnutrición y mortalidad. A consecuencia de ello se
incrementaron también las migraciones de jóvenes y mujeres
fundamentalmente desde Feliciano hacia los centros urbanos de Entre Ríos
y fuera de la misma.
El Departamento Loventué está ubicado al Centro
Oeste de la provincia de La Pampa, cuenta con una superficie de 918.415
ha divididas en 5 ejidos municipales (Luan Toro, Loventué, Carro
Quemado, Victorica y Telén), con una población total de 8.659
habitantes, con predominio de la población urbana (62,7 %) sobre una
importante población rural (37,3%), que alcanza un alto índice de
masculinidad (105,4).
La principal localidad del Departamento y de gran
importancia zonal es Victorica, que cuenta con 5.432 habitantes. Las
otras localidades de la región (Luan Toro, Telén, Loventué y Carro
Quemado) son poblaciones de menos de 1.000 habitantes. Según los datos
del último censo, la región cuenta con un índice de NBI del 15,4 %.
En lo que respecta al sector económico-productivo
primario, se caracteriza por la actividad ganadera, sustancialmente
ganadería bovina de cría, como práctica única y exclusiva de larga
tradición. Este hecho ha colocado a la región como centro ganadero de
excelencia a nivel no sólo provincial, sino extra-provincial, con un
movimiento importante de cabezas de ganado.
La estructura agraria que sostiene esta actividad
se caracteriza por la presencia de numerosos productores agropecuarios
que poseen entre 1.000 y 2.500 ha. Existen también explotaciones de
menor escala (chacras), que se localizan generalmente en la periferia de
las localidades.
El sector secundario es muy escaso y está vinculado
a la transformación de productos primarios. La mayor parte de las
actividades industriales, casi artesanales, se localizan en Victorica.
El sector terciario es muy significativo, por su
especial relación con el sector ganadero. Los servicios vinculados a la
comercialización o a la sanidad animal son muy importantes en el área,
con presencia de varias empresas consignatarias y de servicios al agro
de alcance nacional.
Pero en este contexto, el proceso económico y
social implementado en nuestro país durante la década del 90, produjo en
el ámbito local y regional la ruptura del sistema comercial y productivo
y una crisis importante de las instituciones intermedias.
Las organizaciones del Departamento Loventué no
estuvieron ajenas a este proceso, y sufrieron las consecuencias del
mismo. Paralelo a los crecientes niveles de incertidumbre que vivió la
sociedad argentina, se incrementó en los espacios locales la
desorganización interna, agravada por la falta de recursos económicos,
se desarticularon y perdiendo representatividad y liderazgo tanto en el
ámbito local como en el regional, incrementando su vulnerabilidad
institucional. arriba
¿Cuáles son los modelos que sustentan cada una de las nuevas formas
institucionales?
La determinación del inicio de un proceso de
transformación social es un problema complejo, que se resuelve a partir
de una decisión metodológica arbitraria. En el presente estudio hemos
acotado el límite temporal del mismo al momento en que se hace visible
la crisis económica en Argentina a fines del año 2001 y principios del
2002, no obstante ello, en ambos territorios existía una realidad
histórica y un trabajo técnico y social previo de las instituciones del
lugar, en el cual debemos reconocer el origen de las características
diferenciales de los procesos actuales.
La construcción del objeto de análisis que
mencionamos en el párrafo anterior incluye la selección de algunos
aspectos que consideramos importantes en la comparación de los perfiles,
sin pretender que la misma sea exhaustiva y excluyente ya que contempla
sólo algunos aspectos sociopolíticos del proceso, pero que representan
una contribución a la construcción de modelos de intervención. La Tabla
Nº 1 presenta una síntesis de estos criterios y las formas que asumen en
cada uno de los casos considerados.
|
CRITERIO OBSERVADO |
FELICIANO |
LOVENTUÉ |
|
Tipo predominante de unidad productiva |
Característico de las estancias ganaderas, con fuertes
tintes de la cultura litoral, con rasgos patronales. |
Las características “farmer” pampeanas, de producción
agrícola, vinculadas al modelo agroexportador. |
|
Características de los tipos sociales vulnerados |
Heterogéneos. Coexistencia de estancieros no residentes,
familias locales estancieras, peones, minifundistas.
Pobreza estructural. |
Homogéneos. Predominancia de productores medios vinculados a
los mercados agrícolas. Nuevos pobres. |
|
Origen del movimiento |
Impulso a partir de agentes del Estado. |
Impulso a partir de agentes del Estado. |
|
Condición de crisis |
Crisis económica social. |
Crisis de legitimidad de poder y económico social. |
|
Participación de la sociedad civil |
A través de los representantes de
instituciones y organismos locales y externos. |
Directa a través de asamblea. |
|
Búsqueda de fondos externos |
Fundamentalmente en las ONGs locales, provinciales,
nacionales e internacionales. |
Principalmente en el Estado desde los Programas y en sus
distintas jurisdicciones. |
|
Gestión del proceso |
Participación de instituciones y ONGs externas a través de
representantes y constitución de una ONG local (UTI) a la
que se delega la gestión del proceso. |
La Asamblea toma decisiones y se crea una ONG local (FLDR) a
la que se delega la gestión del proceso. |
|
Determinación del territorio |
Mirada local con límites en el ejido. |
Mirada regional con límites en el departamento. |
Hemos mencionado más arriba que la crisis afectó a
todos los niveles de la sociedad y en todo el país. Sin embargo, no en
todas las regiones impactó de igual manera en la sociedad y en la vida
cotidiana de las personas. La movilidad descendente de todo el sistema
social, generó una concentración en las fronteras de la línea de
pobreza, delimitando tres grupos claramente diferenciados: los
plenamente incluidos en el sistema, los que habiendo estado incluidos
han descendido hasta la línea de pobreza y fluctúan sobre ella, entrando
y saliendo, pendularmente de la situación de exclusión. Un tercer grupo
lo constituyen los plenamente excluidos, los que ya eran históricamente
pobres y sólo reafirmaron su situación.
Loventué, La Pampa, ubicada en la rica región
pampeana, con una pujante clase media y una estructura productiva rural
empresarial, acusó el fuerte impacto, evidenciando una creciente
fragmentación y segmentación social, aumento de la pauperización,
pérdida de identidad y desarticulación institucional. Esta situación
afectó fundamentalmente a los sectores medios, que sufrieron
repentinamente una movilización social descendente, con una pobreza
“puertas adentro” que nadie notaría a simple vista, pero que implica
descenso en el poder de compra, pérdida del empleo en familias de
múltiples integrantes, cambios de empleos, nuevos gastos asociados a la
salud y educación. Este grupo es el que queda fronterizo a la línea de
pobreza y ante el avasallamiento de sus derechos privados por parte del
Estado cuestiona la legitimidad del mismo a través de la participación
directa. Este reposicionamiento social les confirió un sentimiento
colectivo de inseguridad y los aglutinó. Tal como dice Castel “la
descolectivización es en sí misma, una situación colectiva”i
.
Este grupo social, con una trayectoria que le
confiere identidad, sintió abruptamente amenazada su propia existencia
dentro del sistema y reaccionó rápidamente en busca de su reinscripción
en la organización social y la recuperación de los derechos ciudadanos y
de la protección del Estado.
En tanto que el Departamento Feliciano, Entre Ríos,
una zona marginal, donde históricamente convivieron las grandes
estancias ganaderas con el cinturón ejidal minifundista, de pobreza
estructural, el impacto de la crisis significó la profundización de los
problemas sociales y económicos. El grueso de los afectados no fueron
“nuevos pobres”, sino que se profundizaron las condiciones de pobreza de
quienes ya lo eran. Esta situación significó un mayor aflojamiento del
lazo social, constituyéndose sólo como grupos “desclasados” sin que se
generara una conciencia de grupo que les permitiera reaccionar
colectivamente. Al respecto podemos decir que en estas circunstancias
resulta muy ilustrativa la expresión de Castel (op.cit.:63) “como si
se tratara de electrones libres completamente desocializados”. En
esas condiciones es muy difícil encontrar una actitud de compromiso en
un proceso participativo de reconstrucción económica y social, ante un
Estado, también cada vez más vulnerable, que era incapaz de mantener el
equilibrio entre lo económico y lo social, tradicionalmente impuesto por
el modelo keynesiano. Por otra parte, también estas diferencias en el
origen de los sectores vulnerados explicarían las diferencias en las
expectativas en cuanto a las funciones del Estado y sobre sus propias
demandas.
En Loventué los ciudadanos generaron una demanda
concreta buscando la integración a través de la participación, el
ejercicio de los derechos ciudadanos y el papel estatal de “eficaz
reductor del riesgo social”. Los técnicos de la Agencia de Extensión
Rural Victoria del INTA (INTA AER Victorica) y autoridades del Instituto
Tecnológico de Educación Superior (ITES), evaluaron la situación, y
plantearon la necesidad de generar estrategias para fomentar espacios
participativos y de fortalecimiento interinstitucional. De esta manera,
a instancia de dos instituciones del Estado, se inicia la experiencia de
desarrollo a nivel del Departamento. La fortaleza del vínculo entre
ambas instituciones que generaron los primeros movimientos provenía, en
parte, de compartir agentes comunes a ambas.
La primera acción realizada en agosto de 2002, fue
la convocatoria a un Seminario Taller sobre Desarrollo Local, abierto a
la comunidad y como parte curricular de la Tecnicatura en Planeamiento y
Gestión Rural (ITES). Luego de esta primera etapa de discusión, se
generó una respuesta endógena, que consistió en implementar un proceso
de reconstrucción del sector comercial y productivo, a través de la
identificación de las potencialidades de la región, con visión de uso
múltiple del territorio, y simultáneamente “(re)fundar” las
instituciones y agentes sociales encargados de liderar el proceso de
innovación.
Los técnicos de la Secretaria de Asuntos Agrarios
de Entre Ríos, de la Sub Agencia de Extensión Feliciano del Instituto
Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), del Municipio de San José de
Feliciano y representantes de la Sociedad Rural del Departamento
profundizaron el trabajo que habían iniciado en 1993, con pobladores
ejidales en condiciones de subsistencia o muy baja escala de producción.
En ese momento también confluyen otras instituciones y organizaciones no
gubernamentales de origen local, aunque de manera informal sin acuerdos
escritos, en un trabajo de fuertes características representativas.
Es necesario resaltar las diferencias que en este
sentido presentan ambos procesos. Mientras que en Loventué, el énfasis
estuvo puesto en la participación directa, a través de una asamblea
ciudadana, en Feliciano la forma de participación fue indirecta,
ejerciendo la representación líderes de la comunidad, representantes de
instituciones y organismos locales y de algunas ONG externas al
territorio.
Partiendo de una comunidad desarticulada, las
instituciones del Estado asumieron el rol de contenedoras de la
emergencia cotidiana a través de los programas focalizados y avanzaron
hacia las nuevas formas de protección social, que creció en los rincones
locales, constituyéndose en un sistema de integración para los que
“quedaron fuera”. Se diferencia del antiguo modelo de seguridad social
por:
“Apertura generalizada e igualitaria versus
objetivos y discriminación positiva; prestaciones uniformes versus
definición de prestaciones a partir de necesidades sociales; sectores
separados (salud, accidentes de trabajo, vejez, familia) versus
tratamiento transversal del conjunto de problemas sociales
experimentados por una sola persona; administraciones centralizadas para
la gestión de un riesgo o problema versus gestión participativa sobre
relaciones contractuales con el conjunto de actores (administrativos,
políticos, económicos) susceptibles de intervenir, administración de
gestión versus administración de misión; centralización y administración
piramidal versus descentralización y territorialización”
ii.
Si bien en ambos casos los movimientos tuvieron su
origen en instituciones del Estado, es posible plantearse como pregunta
si estas acciones respondieron a líneas políticas institucionales
preestablecidas o se asumieron por parte de los agentes, espontáneamente
ante las crisis, tanto socioeconómica como de las estructuras de poder.
No obstante, queda claro que como resultado de ambas intervenciones hubo
una delegación del espacio de contención, reservado tradicionalmente
para el Estado, hacia la sociedad civil.
En Feliciano se fortaleció la articulación
interinstitucional, en la búsqueda de recursos exógenos que permitieran
fortalecer los procesos productivos internos. En este caso, es el
Consejo Local Asesor de la Sub Agencia de Extensión Agropecuaria de INTA
el que, en una primera instancia, se constituye en el órgano convocador
y articulador tanto de las fuerzas endógenas como las exógenas al
sistema. A medida que transcurre el tiempo, se suman a la acción una
cantidad relativamente importante de ONGs de carácter externo, lo que
complejiza el panorama sociopolítico de la región.
En esta nueva etapa, se resuelve la formación de
una figura novedosa con capacidad para administrar los recursos
recibidos. Esta figura legal es una Unión Transitoria de
Instituciones, UTI, cuya constitución reúne todas las
representaciones ya vigentes en el espacio, el que puede visualizarse en
el siguiente diagrama.
Mapa de Redes interinstitucionales -
Departamento Feliciano


Es evidente en el esquema institucional que la UTI
pasa a ocupar el lugar de organizador del sistema, donde están
representadas las instituciones públicas y privadas locales (INTA,
Municipio, Sociedad Rural, entre otras) y dos ONG externas, el Consejo
Empresario de Entre Ríos y CARITAS, quienes comparten un agente común,
de indudable capacidad aglutinante, quien tácitamente, asume la
interlocución con las otras ONGs, fundamentalmente las del extranjero.
El reemplazo y la delegación de ciertas funciones
del Estado, mediante la alianza público-privada, como son la asistencia
a determinados sectores excluidos; la alianza empresa-beneficencia, bajo
la línea ideológica de la responsabilidad social; y el aporte externo
como factor de desarrollo son característicos del modelo asumido por
Feliciano.
Retomando la experiencia Loventué, la “asamblea”,
es el espacio privilegiado para trabajar en forma participativa mediante
diagnósticos, problemáticas y abordajes a los emergentes que se plantea
la comunidad, siendo los mismos actores del proceso quienes deciden las
líneas de acción.
Al tomar la asamblea el carácter de órgano
decisorio, constituyéndose en un espacio de poder, otrora del Estado,
surgió la necesidad de conformar una entidad ejecutora integrada por
representantes de todas las instituciones de la región. Así, sobre la
base de acuerdos básicos interinstitucionales, en noviembre de 2003,
nace la Fundación Loventué para el Desarrollo Regional (FLDR)
como organización y nueva institucionalidad, que asume la gestión
ejecutiva del proceso, cuyo objetivo es:
“Contribuir al desarrollo económico,
tecnológico, social y cultural de la región constituida por el
Departamento Loventué y su área de influencia, con la finalidad de
propiciar a la mejora de la calidad de vida de la población,
interviniendo en el diagnóstico de las problemáticas regionales,
promoviendo la elaboración de proyectos participativos, desarrollando
líneas de capacitación y proponiendo nuevas políticas”.
Aquí surge nuevamente la alianza del sector
público-privado, pero esta vez, como fruto de la participación civil, de
origen endógeno.
Las líneas de acción planteadas en las asambleas
toman forma de proyectos locales/regionales/territoriales integrados y
se convierten en un mandato social a ejecutar por la FLDR, que articula
acciones de 19 organizaciones y 5 municipios.
Como se planteó antes, es coincidente en ambos
perfiles de intervención la asunción por parte de la sociedad civil de
determinadas funciones que otrora tuviera el Estado. Así, se establece
como prioridad la atención de los grupos sociales más desfavorecidos,
brindando cobertura física, jurídica y de asistencia técnica a nuevos
emprendimientos asociativos y cooperativos, vinculando a las nuevas
organizaciones con los organismos de investigación y extensión.
La superación de las situaciones de crisis como las
planteadas, requiere del aporte de recursos externos al territorio. En
los dos procesos estudiados la acción de las nuevas figuras
institucionales estuvieron orientadas a la consecución de recursos, pero
en cada caso se recorrió diferentes caminos.
En Loventué todas las acciones y proyectos fueron financiados con fondos
públicos provenientes de distintos organismos nacionales y provinciales
a través de sus respectivos Programas. Los Municipios actuaron como
contraparte aportando insumos y recursos humanos, priorizando la
inclusión de beneficiarios del Programa Jefas y Jefes de Hogar,
desocupados y subocupados, según lo solicitado por los distintos
programas de financiación.
En este sentido, han realizado aportes el
Ministerio de Desarrollo Social de la Nación (Programa Redes, Programa
Manos a la Obra y Dirección de Acciones Compensatorias), el Ministerio
de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación, el Ministerio de
Acción Social de la provincia de La Pampa (Programa Decidir entre
Todos), el Programa Social Agropecuario (Proinder), el Instituto
Nacional de Tecnología Agropecuaria (PROFEDER, Programa Integrado
Prohuerta, Programa Cambio Rural) y los Municipios de Victorica, Carro
Quemado, Telén y Luán Toro.
Por su parte, el Gobierno de la Provincia de La
Pampa tomó la decisión política de realizar las obras correspondientes
para la construcción de la “Ruta de la Cría” (Victorica-General Acha),
en respuesta a la solicitud de la asamblea. A su vez, desde la misma se
promocionó el “compre local”, para de esa forma y a partir del ingreso
de dinero público, generar un circuito económico regional que
incrementara la actividad comercial.
De esta manera, en Loventué los dineros públicos
actuaron como recursos exógenos para impulsar la capacidad emprendedora
local/regional, en un proyecto de desarrollo cuyo énfasis estaba dado en
la recuperación de la capacidad económica de la región a través del
incremento de los mercados y el mejoramiento de la infraestructura
productiva.
En Feliciano, la búsqueda de recursos estuvo
orientada hacia las fuentes no estatales y las ONG fueron las grandes
protagonistas en el proceso. En el análisis del mismo se observa la
afluencia progresiva de Fundaciones tanto de origen local, provincial,
nacional como internacional que acudieron a la zona. A ellos se sumaron
también los programas focalizados de los distintos Ministerios, los que
ya mencionamos en el análisis del párrafo anterior. La desarticulación
del tejido social no permitió ampliar la base de participación,
centrándose en la ciudad de Feliciano y su ejido, en los sectores más
desprotegidos, no logrando concretar acuerdos con los municipios y
juntas de gobiernos de las comunidades vecinas, algunas más empobrecidas
que la propia ciudad capital. Pero no sólo la crisis es la responsable
de la atomización del espacio social del centro norte entrerriano; la
histórica convivencia de intereses ganaderos con las economías de
subsistencia de los minifundistas, es también un obstáculo para
encontrar factores de aglutinamiento. Así, el territorio quedó reducido
a algo más del 5% de la superficie del Departamento. No obstante, el
arduo trabajo técnico y social realizado ha permitido madurar en el
proceso, y hoy se encuentra a la comunidad pensando en proyectos de
mayor alcance en el mediano y largo plazo con un nivel de mayor
integración de cadenas productivas y con creciente participación directa
de los ciudadanos. Tal como dice Bustelos (2000.124), “la
planificación social hasta hace poco vigente presuponía un punto central
–generalmente el sector público- a quien se le atribuía las funciones de
análisis, coordinación y control. La estructura jerárquica era de forma
piramidal, con las unidades de implementación en la base, y con niveles
de autodeterminación en el vértice. Desde que la forma de los procesos
sociales se ha hecho más heterogénea y compleja ese paradigma vertical
está evolucionando hacia otro pluralista en el que se reconoce no solo
al Estado, sino también al sector privado, al sector no gubernamental y
una variedad de formas asociativas informales”iii
. arriba
Conclusiones
La comparación de dos procesos sociales tan
complejos que se desarrollan en situaciones tan diversas presenta
múltiples dificultades. En el presente trabajo, a partir de algunas
líneas teóricas se identificaron algunas categorías de comparación,
excluyendo otras, que sin dudas pueden ser tanto o más relevantes que
las elegidas, pero inaccesibles en este estado de la investigación, y
que pretenden ser una contribución a un modelo de análisis de los
procesos de desarrollo local. No se pretende asignar valores en términos
positivos/negativos o éxito/fracaso a las acciones realizadas y los
resultados obtenidos, sino describirlas, sistematizarlas y reflexionar
sobre ellas, como partes de procesos multifacéticos, espacial y
temporalmente situados.
Tanto en Feliciano como en Loventué hay aportes exógenos al proceso. En
el primer caso estudiado, el grueso de los mismos provienen de las ONG,
mientras que en el segundo, los aportes más significativos provienen del
Estado en sus distintos niveles, nacional, provincial y municipal.
En la localidad entrerriana, las ONGs tienen su
origen fuera del territorio. Encontramos algunas de diverso origen
externo al sistema y su papel ha sido el de impulsar a través de aportes
y programas, el proceso; finalmente y como parte del mismo aparece una
ONG local, la UTI, cuya función será la de coordinar acciones y
administrar los fondos recibidos de las otras ONGs. En la localidad
pampeana, se crea una ONG con el mismo fin específico: el de ejecutar
las acciones decididas por la asamblea y administrar los fondos
conseguidos a través de los programas del Estado.
Este es un punto de encuentro entre ambos procesos:
los dos generan ONGs locales, las que asumen el rol de coordinación,
ejecución y administración, que históricamente se tenía asignado al
Estado.
En cuanto a la mirada territorial, en Loventué se
ve reflejada en la coordinación de los cinco municipios que abarcan todo
el Departamento, y esto permite inferir una identidad, de la que también
nos habla el “compre local” y una visión de proceso en el mediano y
largo plazo. Visión también presente en la articulación con las
entidades del Estado provincial y nacional y la afluencia de recursos
para la realización de obras de infraestructura, como la Ruta de la
Cría, que manifiestan un énfasis en un modelo de desarrollo cuyo
objetivo va más allá de la contención del desborde social, para apuntar
al crecimiento económico y a la recuperación de derechos civiles
perdidos.
El proceso “felicianero” ¿?? se enmarca dentro de
las posibilidades reales que presentaba una sociedad históricamente
pobre y con sus derechos civiles cercenados. El papel de las
instituciones estatales fue el de articulador del espacio de
representación social intentando “armar un territorio”, en un ámbito
conflictivo y heterogéneo. El proceso estuvo orientado, en un primer
momento, a la cobertura de las necesidades más inmediatas y a la
recuperación de las capacidades productivas deterioradas. En este
momento, el desafío transcurre en la búsqueda de modelos de desarrollo
más integrales.
i CASTEL, Robert (2005) La inseguridad social ¿Qué es
estar protegido? Editorial Manantial Buenos Aires pag. 63
ii PALIER, Bruno Gouverner la sécurité sociales. Paris
2002 citado por Robert Castel (2005) pag. 90
iii BUSTELO, Eduardo (2000) De otra manera. Ensayos
sobre Política Social y Equidad. Ediciones Homo Sapiens Santa Fé
Argentina
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