|
Resumen
En el marco de una transformación del modelo de
Estado y de la concepción del desarrollo, en este trabajo se analiza una
experiencia a nivel territorial en el Departamento Feliciano (Entre
Ríos-Argentina) llevada a cabo a través de la participación de múltiples
instituciones y organismos tanto públicos como privados, a través de la
década del ´90 y la actual, la que culmina con la constitución de una
Unión Transitoria de Instituciones (UTI) como forma de gestión
compartida. A través de una investigación de carácter cualitativo, se
procura dar cuenta de los procesos de construcción de las redes
interinstitucionales sobre el territorio, las tensiones producidas por
la movilidad de los espacios de poder y las alianzas estratégicas y de
la figura mediadora que asumen tanto las instituciones técnicas como los
profesionales que en ellas se desenvuelven. Se indaga además sobre los
efectos de estas transformaciones y tensiones sobre la vida cotidiana de
los beneficiarios de los programas, tanto en lo productivo y económico
como en la construcción de los derechos ciudadanos, las relaciones
éticas y dialogales y los espacios democráticos.
Desarrollo territorial y ciudadanía. Un caso de gestión compartida
Introducción
Este trabajo presenta el análisis de una
experiencia a nivel territorial en el Departamento Feliciano (Entre
Ríos-Argentina) llevada a cabo a través de la participación de múltiples
instituciones y organismos públicos y privados a través de la década del
´90 y la actual, y que culmina con la constitución de una Unión
Transitoria de Instituciones (UTI) como forma de gestión compartida.
Creemos oportuno enmarcar a la misma en un proceso de transformación del
modelo de desarrollo, lo que implica también cambios en el modelo
jurídico estatal, político económico y social, y analizar de que manera,
esas transformaciones se reflejan en las acciones cotidianas de la
comunidad.
Este modelo se caracteriza por políticas de descentralización del Estado
nacional hacia los municipios y la intervención de las Organizaciones No
Gubernamentales (ONGs) que participan directamente de la ejecución de
los programas, quedando bajo la órbita del Estado nacional el control de
las políticas. En este sentido se priorizan criterios de focalización,
transparencia, eficacia y eficiencia.
En este nuevo espacio las ONGs se reposicionan
frente al Estado, interviniendo desde las lógicas propias de las
instituciones involucradas y se implementan redes interinstitucionales
como malla de contención del tejido social.
Las prácticas clientelares y paternalistas
persisten en el escenario político social en transición, superponiéndose
con la emergencia de nuevos modos de convivencia social.
Instituciones de carácter científico tecnológico,
como el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), cuya
credibilidad es históricamente reconocida, articulan el espacio.
Desde esta perspectiva y la de los debates actuales en torno al concepto
de ciudadanía, procuramos develar los desafíos que se le plantean a esta
forma de gestión en relación a los derechos ciudadanos, la
participación, la equidad y el bienestar.
Este trabajo es resultado de una investigación de
cualitativa, que incluyó el empleo de herramientas como las entrevistas
en profundidad a los referentes comunitarios, las encuestas a
productores integrantes de los programas y la observación participativa. arriba
La situación inicial
El Departamento Feliciano (299.800 has) forma parte
del territorio más pobre de la Provincia de Entre Ríos, denominado
Centro Norte, de clima subtropical, fitogeográficamente caracterizado
por el dominante monte del espinal.
En este contexto, Feliciano se destaca por los
altos índices de ruralidad. Según los últimos censos su población se fue
masculinizando y envejeciendo a consecuencia de las fuertes migraciones
hacia centros urbanos, como resultado de la pobreza estructural,
desocupación, analfabetismo y desnutrición.
La unidad económica reconocida tradicionalmente
para la zona, según la producción habitual, es superior a las 800
hectáreas. No obstante ello, el Departamento presenta sólo el 13 % de
predios mayores de 500 hectáreas, los que detentan la propiedad del 80%
de la superficie departamental. El resto de las unidades tienen por
debajo de esta cifra, predominando en un 50% aproximadamente las
inferiores a 50 hectáreas, lo que constituye un cinturón ejidal
minifundista de economía de subsistencia.
La actividad económica productiva tradicional es la
ganadería de cría bajo monte nativo. No obstante ello, durante las
décadas del ´50 y ´60 se produjo un auge del cultivo de algodón y arroz,
lo que decayó por las recesiones de los mercados internacionales a
mediados de los años´70, sumiendo a la región en un mayor deterioro,
situación que se prolongó en el tiempo.
El proceso de globalización creciente tanto
económico como social y cultural, acentúo aún más la marginalidad de la
población. Como fenómeno general en el país, la agriculturización en
respuesta a los buenos precios internacionales y a la tecnología de
siembra directa, generó una fuerte caída en los rodeos ganaderos. Si
bien en Feliciano las condiciones agroecológicas permitieron que sólo un
15 % de la superficie agropecuaria se trasladara a la actividad
agrícola, la presión sobre la tierra en ese y otros Departamentos, operó
en detrimento de la ganadería. La crisis en la producción característica
de la región, la descentralización del Estado y las medidas de
desregulación del mercado de trabajo entre otras, provocaron incrementos
en los índices de las Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI),
desempleo, desnutrición y mortalidad. A consecuencia de ello se
incrementaron también las migraciones de jóvenes y mujeres
fundamentalmente desde Feliciano hacia los centros urbanos de la
Provincia de Entre Ríos y fuera de la misma. arriba
Análisis del proceso
Las prácticas de gestión asociadas
Analizaremos a continuación el proceso histórico
institucional y de gestión de las organizaciones que actualmente
participan en la Unión Transitoria de Instituciones de Feliciano (UTI) y
el proyecto de desarrollo territorial que se lleva adelante.
De acuerdo al relevamiento realizado por Valentinuzi,
en la década del ´70 el Gobierno Provincial asentó en la cabecera del
Departamento, la ciudad de San José de Feliciano, una Delegación de la
Sub Secretaria de Asuntos Agrarios, como respuesta a los problemas
ocasionados por la regresión de la agricultura local.
A esta presencia oficial se sumó en 1993, una Sub
Agencia de Extensión rural del Centro Regional Entre Ríos (CRER) de
INTA, dependiente de la Agencia del Departamento La Paz, y a su vez de
la Estación Experimental Agropecuaria (EEA) del INTA Paraná.
A partir de la creación de la Sub Agencia se
constituyó un equipo con la participación de los profesionales del
Gobierno Provincial y del Departamento de Producción del Municipio con
el propósito de concentrar las acciones en los minifundios ejidales.
A los efectos de la delimitación temporal, este
momento sería el primer punto de inflexión en el proceso, donde aparece
un acuerdo informal, sin que aún hubiese una mirada compleja sobre el
territorio. Este primer acuerdo estaba “caracterizado” por una presencia
exclusiva de instituciones de origen gubernamental pero de
jurisdicciones diferentes: nacional, provincial y municipal; sellando un
modo o estilo de articulación hacia la comunidad.
A nivel país, había una relativa capacidad de
acción y escasos resultados, en un contexto de fuerte crítica hacia las
instituciones estatales entre las cuales la incapacidad de adaptación a
las demandas, el clientelismo y corrupción aparecían con mayor fuerza
como justificación de las políticas de reducción del Estado. Es entonces
donde se comenzó a insinuar una brecha orientada a la participación de
nuevos actores institucionales, y la inclusión de los beneficiarios.
A partir de 1995 se sustanció nuevamente un
Convenio entre la Municipalidad de San José de Feliciano y el INTA, con
el propósito de implementar oficialmente el Programa Minifundio de esta
última institución. Este Programa fue creado en 1987 por el INTA,
orientado a productores con las siguientes características: escasez de
recursos naturales y económicos; parcelas pequeñas en función del núcleo
familiar; tenencia precaria de la tierra; baja remuneración de la mano
de obra familiar; falta de tecnología y asesoramiento profesional
adecuados; dificultad de acceso al crédito; poco poder de negociación en
los mercados y debilidad organizativa. El objetivo del Programa
Minifundio es propiciar acciones para mejorar los ingresos y calidad de
vida de los minifundistas, sobre la base de un desarrollo autosostenible,
que posibilite su transformación, ampliando las posibilidades de
capitalización.
En esta fase se trabajó fundamentalmente con el
fortalecimiento del autoconsumo, la organización de los productores y la
capacitación.
Un paso importante en la gestión comunitaria
representó la instalación del grupo de profesionales pertenecientes a
las distintas instituciones en un espacio físico común, cedido en
préstamo por el Municipio. Si bien la cercanía física les permitía el
trabajo compartido, en este momento aún no aparecía un proyecto
articulado a nivel de territorio.
El PROHUERTA, Programa de Huertas Familiares
(Convenio Ministerio de Acción Social de Argentina – INTA) que fue
iniciado en 1991, y cuyo objetivo es la provisión de semillas hortícolas
y animales de granja para el autoconsumo y la capacitación, comenzó a
trabajar activamente integrando el equipo y compartiendo el edificio en
1992. En este caso, la relación quedaba formalizada por su
implementación a través de INTA.
Simultáneamente, el Programa Social Agropecuario (PSA),
un programa de orden nacional que funciona en el ámbito de la SAGPyA,
Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación de la Nación,
regulado administrativamente por el INTA, cuyo objetivo es brindar
asistencia técnica y financiera a nivel nacional orientada
fundamentalmente a grupos organizados de productores minifundistas, los
que con un plan de trabajo mediante, solicitan el apoyo de crédito o
subsidio para realizar diferentes actividades guiados con la asistencia
técnica grupal, inició su trabajo con productores minifundistas del
ejido, en algunos casos compartidos con las otras dos instituciones
asociadas, pero a diferencia de éstas, sin un vínculo formal.
Ambos programas fueron originados en el marco de
las políticas sociales compensatorias confeccionadas desde la concepción
reduccionista de descentralización del Estado nacional y ajuste
estructural, al que hicimos mención antes.
Estos programas, por su parte, son representativos
de la concepción con que el Estado intentó resolver la creciente
fragmentación y exclusión social. Bajo la pretensión de separar lo
social de lo político, justamente como respuesta a las viejas y
sospechadas prácticas partidarias que se dieron en Feliciano, como en
muchas comunidades del país, se buscó “transparentar” y “hacer
eficiente” la política social. Como dice Sergio De Pieroii,
“ la política social tampoco podía formar parte de la agenda pública
como lo había sido hasta ese momento, en dos sentidos: por una parte lo
social debía ser separado tanto de lo político como de lo económico, de
manera tal que su resolución no fuera un tema politizable y no afectara
a variables económicas, sino que debiera resolverse, aunque con
intervención del Estado, principalmente desde lo social; por otra parte,
del mismo modo que el FMI y el Banco Mundial generaron nuevas políticas
de intervención en las economías nacionales (política fiscal, monetaria,
etc. ), también en lo social el diagnóstico apuntó a un necesario cambio
en su concepción alentando el gerenciamiento sobre él, y a imponer una
nueva lógica cuyos valores centrales ya no fueran la capacidad de
integración del tejido social o de ciudadanía que estas políticas puedan
generar, sino su grado de eficacia, transparencia y eficiencia en su
concepción y ejecución”.
Por estos años, entonces, el espacio social e
institucional del Departamento Feliciano contemplaba una incipiente
organización de instituciones con objetivos de contención social. A esta
necesidad de contención se respondió desde una visión de promoción y
fomento de organizaciones a nivel comunitario. Ejemplo de ello fue la
aparición de una Fundación de origen local, denominada Francisco
Ramírez, cuyo organizador fue una persona oriunda del lugar, que había
alcanzado un importante poder político en la esfera nacional. Esta
Fundación en su efímero auge, ya que hoy subsiste gracias a los aportes
ciudadanos con la finalidad de dar becas de estudio a jóvenes locales,
aportó enormes sumas de dinero que permitieron la construcción de una
escuela e iniciar algunos proyectos productivos.
Un tercer momento institucional se presentó en
1999, cuando se firmó un nuevo convenio entre el Centro Regional Entre
Ríos de INTA y el Gobierno de la Provincia de Entre Ríos, en el que se
incorporó formalmente al equipo ya constituido, el Municipio de la
Ciudad de San José de Feliciano y la Sociedad Rural del Departamento. El
objetivo de este nuevo acuerdo era generar proyectos de desarrollo
integral destinados tanto a las familias del ejido minifundista como de
todo el Departamento Feliciano.
Este proceso continuó sedimentando, en este caso
con la aparición del Municipio, en un rol activo en la formulación de
los proyectos, asumiendo la contraparte de las políticas de
descentralización. Informalmente, la red de contención
interinstitucional se fue conformando con la vinculación de la Escuela
Agrotécnica, la Cooperativa de Agua Potable, el Hospital y CARITAS.
Las organizaciones no gubernamentales cumplieron en
ese momento un importante papel en la contención del conflicto social y
de protección de los sectores vulnerados, ya que garantizan mediante su
credibilidad intacta, la transparencia, eficiencia y equidad de los
procesos. No es casual que en este caso, fué la Sociedad Rural de
Feliciano, una institución de peso histórico y legitimidad nacional, la
que apareció en primer término compartiendo la mesa de decisiones.
Cabría preguntarse si este nuevo espacio en
construcción, liderado desde la Sociedad Rural por una mujer, obedece a
una lógica exclusivamente gerencial o a la reconstrucción ética y
dialógica de la vida social.
En la fase que estamos considerando, el PROHUERTA
continuó siendo un aporte relevante en una situación de creciente
pobreza en el país y en Feliciano especialmente, y siguió trabajando en
forma comunitaria, con la compra de herramientas, maquinarias, y
reproductores en un interesante sistema de fondos rotativos provenientes
del Programa Minifundio, introduciendo de esta manera nuevas
herramientas de gestión, con miras a la inserción de las producciones
alternativas en los mercados formales, sacándolas del esquema de
autoconsumo y trueque, y encauzándolas hacia una lógica mercantil.
Como dijimos antes, la implementación del nuevo
paradigma, no implicaba el abandono de las viejas prácticas partidarias,
arraigadas a la región. Es así que en este período aparecieron con
fuerza y en algunos casos, como aliados y en otros como competidores de
la concertación entre las instituciones, las figuras locales de la
política provincial, cuya estrategia se basó en el “cara a cara”,
facilitando el acceso a herramientas de uso agrícola e insumos. Al
respecto nos dice Auyeroiii “…los contactos cara a cara
siguen siendo de una importancia fundamental en la formación de
opiniones políticas. Las obligaciones personales, lealtades,
sentimientos y la confianza que la gente tiene dentro de sus redes
sociales continúan ejerciendo una influencia tan poderosa y persuasiva
que compite con la de la radio y la televisión.”
Informalmente, ya que no hubo un acuerdo
especifico, se incorporó al proceso, AAPRESID (Asociación Argentina de
Productores de Siembra Directa), una institución sin fines de lucro,
cuyo objetivo es difundir la siembra directa como práctica de
conservación del recurso suelo. Como resultado de su acción, en un
momento de excelente rentabilidad para los cultivos y con el apoyo de
herramientas e insumos, muchos productores pequeños incorporaron la
actividad agrícola.
Si bien la superficie relativa de la expansión agrícola en Feliciano fue
poco importante (alrededor del 15% de la superficie total del
Departamento) se afianzó el doble cultivo trigo-soja, reemplazando
parcialmente a los campos ganaderos.
Resulta relevante reconocer que en ese momento el
conflicto entre las instituciones y los agentes que representan a cada
una de ellas, se hizo visible en el territorio a través de las disputas
de los espacios de poder que generan las acciones de desarrollo.
En el periodo 2000-2002, Argentina atravesó una de
las más grandes crisis de su historia. En ese momento, los programas de
asistencia como PROHUERTA, PSA, Manos a la Obra, y Plan Jefes y Jefas de
Hogar, pasaron a tener un fuerte protagonismo que en ocasiones llegó a
constituirse en la única función de las Instituciones oficiales, como es
el caso del PROHUERTA instrumentados a través de algunas Agencias de
Extensión del INTA, carentes de recursos institucionales genuinos.
En ese momento, también en Feliciano, los planes de
asistencia social cobraron mayor presencia en el territorio pero la
existencia de un proyecto de trabajo productivo ejecutado por distintas
instituciones articuladas y fortalecidas, que subsistían de la década
anterior, permitió incluir la mirada productiva en la urgencia de la
emergencia social.
Las Organizaciones No Gubernamentales como CARITAS
y el Consejo Empresario de Entre Ríos (CEER) cobraron relevancia en todo
el territorio La primera, entidad ligada estrechamente a la Iglesia
Católica, tiene como objetivo la asistencia al desprotegido en una
acción solidaria, mientras que el segundo propende a lograr el
desarrollo a partir de la consolidación de las empresas y la generación
de nuevos mercados.
Es en ese momento cuando comenzó a producirse la
primera definición de roles entre las Instituciones: INTA asumió la
responsabilidad técnica, CARITAS la búsqueda de financiamiento externo,
el CEER la inserción en los mercados, mientras que el Municipio
contribuía con la maquinaria agrícola.
Tanto CARITAS como el CEER tienen en sus estamentos
dirigentes un agente común, una persona de reconocido prestigio en la
comunidad entrerriana, que actúa como catalizador de los procesos
territoriales, en nombre de las dos instituciones simultáneamente.
Resulta muy interesante la articulación de ambos organismos, que
apelando al nuevo concepto de responsabilidad social, se asumen como
interlocutores de otros organismos locales, provinciales, nacionales e
internacionales, legitimados por su condición de entidades
tradicionalmente solidarias. Al respecto podemos citar nuevamente a De
Piero (Ob.cit.) quien dice: “…la tradición de la beneficencia se ha
reconstituido en Argentina, tomando elementos propios de su historia (la
ayuda inmediata, la asistencia directa, el rechazo a la política y al
conflicto social, y en ocasiones, la pertenencia de clases), con
elementos nuevos como las alianzas con el mundo empresario y una nueva
ocupación del espacio público”
La presencia de estas dos últimas ONGs fue clave para Feliciano, ya que
permitió como se dijo mas arriba, en una alianza estratégica con los
organismos estatales, la gestión de fondos provenientes del Ministerio
de Desarrollo Alemán y de Fundaciones cristianas de agricultores
alemanes y suizos.
Esto es un elemento claramente distintivo en los proyectos de desarrollo
argentinos, emprendidos en últimos años, enmarcados en un movimiento de
desterritorialización de las organizaciones de la sociedad civil de los
países centrales, mediante la movilización de importantes capitales
hacia las regiones subdesarrolladas, como parte del proceso de
globalización.
Estos importantes fondos recibidos vinieron a
consolidar el proceso productivo que llevaba ya una década, con el
trabajo del INTA, el Municipio de San José de Feliciano, la Sociedad
Rural del Departamento y el Gobierno de la provincia de Entre Ríos. La
gestión y administración de los recursos recibidos por el aporte
internacional obligaron a la conformación de la Unión Transitoria de
Instituciones consolidada en el 2005, mediante un acuerdo formal. A las
ya existentes se sumaron, ahora formalmente, la Cooperativa de Agua de
Feliciano, CARITAS y el CEER.
En esta nueva fase del proceso, cuyo punto de
inflexión ubicamos con la firma del Acuerdo de constitución de la UTI,
es aun mas notoria la existencia de Programas focalizados de carácter
interjuridisccional que se despliegan en Feliciano, tales como los ya
mencionados: MINIFUNDIO, PROHUERTA y Programa Social Agropecuario (PSA)
a los que se suman CAMBIO RURAL, Grupos coordinados por INTA de medianos
productores con vinculación formal con el mercado y cuyo objetivo es la
incorporación de tecnología, PROFAM (Programa de Producción Familiar),
GISER (Grupos de intercambio solidario de Entre Ríos), destinado a
productores articulados con el mercado, PREGISER, programa que está
destinado a productores que por su escala de producción no cumplen los
requisitos para pertenecer a un grupo GISER. Estos dos últimos, fruto de
un nuevo acuerdo entre el CRER-INTA y el Gobierno de la Provincia de
Entre Ríos.
Estos programas son llevados adelante por
profesionales contratados temporalmente por las distintas organizaciones
estatales, en el marco de las reformas laborales, muchas veces con
dedicación parcial, por lo que entre ellos no solo comparten la
audiencia en la comunidad, con productores que pertenecen a mas de un
programa en forma simultanea, sino que ellos mismos, tienen doble
pertenencia institucional, a excepción de los agentes permanentes de
INTA. En general, son profesionales jóvenes, que muestran gran
entusiasmo y compromiso en la tarea que realizan, y su inserción en las
instituciones y en la comunidad les otorga el papel de mediadores entre
ambas.
Por otra parte, también es llamativa la cantidad de
ONGs que han tomado parte en el proceso en estos últimos años, algunas
de manera estable y a través de convenios y otras efímeramente y para
proyectos específicos, aportando en algunos casos fuertes sumas de
dinero.
Una vez más, en las entrevistas se reiteró la
mención a la figura de CARITAS y CEER, a veces casi como homólogos, los
que actuarían como articuladores ante los organismos internacionales en
la gestión de estos fondos.
Por su origen pueden agruparse en:
- Internacionales: Fundación Avina, Fundación
Brukman, Fundación Sombrilla, Fundación Compromiso, Fundación Italiana,
Fundación Ford que realiza sus aportes a través de la FLACSO (Facultad
Latinoamericana de Ciencias Sociales)
- Dentro de las nacionales encontramos: CARITAS,
CEER, Fundación Francisco Ramírez
- Sumado a lo anterior, aparecen los aportes de
gobiernos extranjeros como Ministerio de Desarrollo Alemán.
La visualización de este número de organizaciones
en el campo comunitario demuestra una creciente intervención y
preocupación por el mejoramiento de la calidad de vida, el compromiso
por nuevas formas de gestión y organización, y la relación directa con
los beneficiarios de los programas.
Como se dijo antes, la UTI surgió como exigencia por parte del
Ministerio de Desarrollo Alemán para la gestión y control de los fondos
y proyectos asignados por esta entidad, pero debido a la concentración
de las instituciones y profesionales en el espacio, logró administrar
las diferentes fuentes de financiamiento de los proyectos que se
ejecutan, extendiendo y legitimando un rol decisivo sobre las propias
instituciones.
En cuanto a los estilos de liderazgos vigentes en
el espacio social que se configura en torno a la UTI, se visualiza,
desde la perspectiva de los productores, que está predominantemente
liderado por profesionales del INTA. En las encuestas realizadas a las
familias del ejido estas reconocen claramente la figura y autoridad de
los técnicos. Es importante hacer notar que si bien este equipo de
profesionales ha demarcado claramente límites en las relaciones
interinstitucionales, procura diferenciarse de otras prácticas sociales
propias de la comunidad entre las cuales tienen fuerza:
a) arreglos políticos históricos del modo “favores
por votos”propios de prácticas clientelares de captación de voluntades a
través de distribución de beneficios materiales en los sectores más
carenciados y beneficios simbólicos en los sectores medios;
b) conductas socioculturalmente subordinadas y
dependientes aunque no involuntarias de quienes reciben el beneficio a
cambio de lealtades reciprocas;
c) prácticas discursivas que refuerzan vínculos
paternalistas;
Interesa en esta línea reflexionar sobre el lugar
de los profesionales en este proceso, en especial, los agentes de INTA
por su masiva participación en los Programas de Intervención. Nos
preguntamos: ¿Que tipo de relación construyen con los actores
institucionales y sociales desde su intervención? ¿Qué lugar de poder
simbólico les adjudica la comunidad en tanto referentes de una
institución reconocida a nivel nacional por sus indiscutibles aportes al
mejoramiento de la calidad de vida de los diferentes sectores de la
comunidad? Y también, ¿Cómo juega este imaginario en los propios modos
de intervención de los profesionales?
Sin lugar a dudas es un factor determinante la
figura del INTA como dispositivo que otorga legitimidad al cuerpo de
profesionales. Pero, por otro lado, una lectura de los procesos que
subyacen a estas prácticas sociales podría llamarnos a reflexionar sobre
el carácter de mediador que les otorga la comunidad y que asume tanto el
INTA como los mismos profesionales. En esta línea de pensamiento y al
decir Auyero J. (ob.cit.) existe un efecto del dispositivo de mediación:
“Los brokers (mediadores) no solo son intermediarios en términos
funcionales, sino figuras cardinales en la producción y reproducción de
la creencia en el valor del juego clientelar, en la articulación de un
lazo de afecto imaginario – una ideología implícita- que relaciona a
estos con los clientes.”
En definitiva, su rol de mediador puede ser
utilizado por redes de poder efímeras y no tan evidentes donde la
participación en las transacciones plantea una lógica de reciprocidades
o arreglos sociales compartidos por los distintos sectores. arriba
La capitalización actual
Los aspectos productivos
Como parte de este proceso se proveyó a los
productores comunitariamente de herramientas, y comenzaron a desarrollar
actividades hortícolas y frutícolas, conservación de frutas y
hortalizas, cría de animales de granja y estrategias para disminuir los
costos de alimentación como son la producción del propio alimento
balanceado y la reserva de forrajes. En algunos casos, se intensificaron
las actividades que históricamente ya se venían realizando en la zona,
mientras que en otros se introdujeron nuevas.
En este aspecto productivo se destaca
fundamentalmente el trabajo realizado con cebollas, una actividad
introducida por los colonos extranjeros a principios de siglo y
sostenida en el tiempo para el consumo hogareño. Se realizaron y aun hoy
se llevan a cabo ensayos experimentales a campo a fin de determinar el
manejo más adecuado del cultivo en la región, incluyendo la
identificación de un cultivar propio de la zona, la “cebolla Vacari”,
cuya semilla originaria de Europa tuvo un largo proceso de selección
natural en un huerto familiar. Hoy los trabajos apuntan a lograr un
cultivo adaptado y con rendimientos competitivos en el mercado.
Simultáneamente se incrementó el número de hectáreas sembradas con
cebolla, y la conformación de un grupo de productores permitió el
ingreso a los mercados locales, nacionales e incluso internacionales. El
fortalecimiento del cultivo en la región, además de constituir un avance
en lo productivo y económico, representa un aporte a la generación de
tecnología apropiada para pequeños productores.
En esa misma línea se llevan a cabo ensayos
experimentales con productores destinados a probar nuevos cultivares de
batata. Esta actividad esta inserta en un Proyecto de Investigación de
carácter nacional, financiado por INTA.
La producción hortícola bajo cubierta y a campo de
especies como tomate, pimiento, lechuga, cabalaza y melón, profundizó
una actividad incipiente en los años noventa. Toda la producción es
colocada en el mercado local y en la ciudad de Federal.
También los caprinos fueron siempre una producción
para el autoconsumo, como el ovino, en estas unidades productivas de
escasa superficie. A partir de los fondos obtenidos a través de las ONG,
se ha intensificado la actividad con el objetivo de encauzarla hacia los
mercados locales y nacionales. Se han constituido grupos de productores,
los que han accedido a reproductores, instalaciones y fundamentalmente
capacitación, tanto en el manejo de los rodeos, como en la curtiembre de
cueros y confección de artesanías con los subproductos. En este momento
se está implementando un núcleo genético de cabras, que intenta
determinar el comportamiento de las nuevas razas como la Boér y el
mejoramiento de las ya existentes. Este núcleo está vinculado al
denominado Proyecto Regional de Diversificación Productiva de INTA. de
Entre Ríos
Otras actividades implementadas a través de grupos
de productores son la forestación, el tambo vacuno, porcinos y con
especial compromiso la apicultura. El grupo apícola ha logrado la
instalación de buenos apiarios, herramientas, sala de extracción
compartida y apta según las normas sanitarias y la comercialización en
conjunto.
Aspectos sociales
De las entrevistas y encuestas realizadas surge una
primera caracterización de la población de Feliciano, en tanto
demandante aun de atención de los derechos ciudadanos. Percibimos la
carencia de una mirada hacia otros aspectos vinculados a la situación de
salud, familia, género, educación, integración y empleo, ya que las
condiciones de vida de los pobladores de Feliciano no parecen haberse
modificado sustancialmente.
El proceso que se intenta describir ha respondido
en los aspectos económicos productivos, conteniendo a la población cuyo
perfil responde a los criterios técnicos específicos y se muestra
accesible a la adopción de nuevas producciones y prácticas productivas.
También de las entrevistas con los técnicos y
miembros de la UTI surge como una asignatura pendiente la creación de un
espacio real de debate sobre los aspectos sociales que interesan a los
productores, que además integre al grupo familiar.
Una situación de creciente presión sobre el
Municipio de sectores pobres urbanos y ejidales que reclaman recursos
materiales, fundamentalmente vivienda y trabajo, le plantea a esta
modalidad de gestión compartida un desafío a futuro.
No obstante ello, mirando al interior de los grupos
de trabajo productivos (cebolleros, cabriteros, horticultores,
apicultores, y forestales) se observa en ellos un incremento de su
participación en el trabajo grupal, ya que se reúnen casi semanalmente,
a partir de la necesidad de tomar decisiones en conjunto,
fundamentalmente para la compra de insumos y la comercialización de los
productos. Sin embargo, en su mayoría manifiestan no tener un espacio de
discusión real, ya que, a decir de un productor: “… yo llevo la lista de
lo que necesito, cada uno pone sobre la mesa la suya y el técnico toma
nota y después nos trae lo pedido…” (Entrevistas)
Si bien encontramos casos donde los productores
concurren a las reuniones con sus hijos, solo lo hacen con los varones,
quienes están directamente vinculados a la producción. También
identificamos algunas pocas mujeres que concurren a las reuniones
grupales, pero en ese caso es porque son ellas mismas responsables de la
producción, sin que encuentren allí un espacio de contención para su
problemática específica, excepto las técnico-productivas.
Como contraparte de esto podemos señalar un avance
significativo en lo que respecta a la capacitación de los productores y
su inserción en la actividad productiva. Junto con la recuperación de la
capacidad laboral y la relativa independencia económica se va lentamente
recuperando una ética del trabajo, que dignifica y les permite una
cierta autonomía respecto de los programas asistencialistas. En ese
mismo sentido, la implementación de fondos rotativos con la obligación
de devolverlos, el seguimiento por parte del mismo grupo y la
transparencia en la gestión de los mismos contribuye a su propio
reconocimiento en tantos sujetos de derechos y de responsabilidades. El
grupo apicultor es, en este sentido un ejemplo claro, ya que después de
un tiempo de trabajo, tomó la decisión de incluir “sólo los que estamos
dispuestos a asumir un compromiso” (Entrevistas).
La maduración del grupo de productores de cebollas
también puede analizarse en término de solidaridad y asunción de
derechos y responsabilidades. A través de un sistema de rotación laboral
se van realizando las tareas de siembras, limpiezas, mantenimiento y
cosecha de los cultivos, en los distintos predios en forma conjunta, lo
que requiere un sistema de organización del trabajo, herramientas y
tiempos. Una sencilla planta de selección con una máquina tamañadora que
pertenece al grupo, el acopio y venta conjunta, permite mejorar las
condiciones de comercialización y la inserción en los mercados.
Por último, como dijimos, perdura en Feliciano una
forma de clientelismo y de relaciones patronales que los múltiples
esfuerzos realizados por los muchos programas y ONGs en la zona, no
logran revertir, por el contrario, hemos encontrado en algunos casos,
como se expreso mas arriba, que detrás del propio proceso se ocultan y
potencian estas viejas prácticas.
Analizando el espacio en términos de poder, vemos
que si bien parte del mismo se ha desplazado desde el político
partidario hacia el espacio interinstitucional de la UTI, cosa que se
reclama explícitamente desde el propio Municipio, en realidad se
reproduce al interior de la misma, el viejo esquema de poder, solo que a
través de maneras más sutiles. arriba
Conclusiones
Planteamos al inicio de este trabajo la
transformación del modelo de intervención del Estado visualizándolo a
través del proceso que se vive en el Departamento Feliciano de la
Provincia de Entre Ríos (Argentina) y nos preguntamos de que manera esta
transformación se incorporaba al territorio local. La proliferación
tanto de programas descentralizados y focalizados sobre los sectores
vulnerables, como de ONGs de diferentes orígenes con vinculaciones en
las esferas locales, provinciales, nacionales e internacionales que se
superponen en algunos casos y se articulan en otros, las tramas
interinstitucionales, los discursos que condensan valores eficientistas
a partir de la transparencia de las instituciones y organismos que
gestionan los programas y que se incorporan al imaginario de la propia
población beneficiaria, han logrado construir un nuevo espacio de poder
reinventando relaciones sobre las ya existentes, autoritarias y
paternalistas, que en muchos casos permanecen ocultas o disimuladas. La
movilización del espacio en torno a las nuevas relaciones provoca
inevitables conflictos que en algunos casos transcienden a la esfera
pública, mientras que otros se reservan en la esfera de lo privado.
En este nuevo escenario son los técnicos los que
realizan el papel de mediadores entre uno y otro espacio, avalados por
su imagen de neutralidad institucional.
Durante el proceso estudiado se ha desarrollado una
fuerte acción sobre un sector de la población fundamentalmente sobre los
receptivos a la adopción de tecnología, dándoles la oportunidad de
mejorar su situación económica, aunque no su independencia y el
ejercicio de su ciudadanía.
Si lo miramos desde la concepción de los derechos
ciudadanos, podríamos decir que como resultado de todo este largo
proceso los beneficiarios no han logrado lo que Bustelo denomina una
ciudadanía emancipada ya que no hay una plena construcción democrática
ni espacio de relaciones dialogales, pero lentamente se visualiza la
recuperación de valores éticos como la solidaridad, responsabilidad y
autoestima. arriba
Referencias
i Ezequiel VALENTINUZ (2003)
Tesis de grado Facultad de Ciencias Agropecuarias-Universidad Nacional
de Entre Ríos Dirección: I. Truffer
ii Sergio DE PIERO (2005)
Organizaciones de la sociedad civil. Tensiones de una agenda en
construcción. Editorial Paidós Buenos Aires pag. 104
iii Javier AUYERO Compilador
(1997) ¿Favores por votos? Estudio sobre clientelismo político
contemporáneo. Editorial Losada Buenos Aires Pag. 19/ Pag. 36
iv Eduardo BUSTELO (2000) “De otra
manera. Ensayo sobre política social y equidad”, Rosario, Editorial Homo
Sapiens |