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En Argentina, se cosechan
alrededor de 2.18 millones de hectáreas de maíz bajo diferentes condiciones
agroecológicas. Al momento de la cosecha, se están registrando pérdidas que
promedian los 380 kilogramos por hectárea, lo cual representa para nuestro país
una merma de 840000 toneladas que quedan tiradas en el campo. Esas pérdidas
equivalen a alrededor de 61 millones de dólares más una cifra similar
representada por las pérdidas de poscosecha causadas por el incorrecto
transporte y almacenamiento.
En este contexto, el INTA dispone de un proyecto
denominado PRECOP (Proyecto Nacional de Eficiencia de Cosecha y
Poscosecha de Granos). Dicho proyecto, al cual pertenece el autor de este
artículo, se ha fijado como objetivo lograr disminuir en un 20% las pérdidas
ocasionadas en la cosecha y poscosecha de granos.
Si el objetivo fijado es exitoso, representará para nuestro
país un ingreso de 300 millones de dólares que anteriormente no iban a parar al
bolsillo de nadie.
En lo referente a maíz, la falta de lluvias en la
época de floración se hizo sentir en diferentes regiones de la pampa húmeda lo
cual influyó directamente en el rendimiento.
Es sabido que el número de hileras por espiga de maíz
está determinado principalmente por cuestiones genéticas mientras que el número
de granos por hilera quedará determinado por la disponibilidad de agua y
nutrientes en los primeros estadios reproductivos del cultivo de maíz.
Por lo tanto en esta campaña fueron comunes los lotes de
maíz que aún estando bien implantados con una uniformidad y densidad de
siembra adecuada, presentaron una considerable desuniformidad en sus tamaños de
espigas.
Algo similar pasa cuando el distanciamiento entre plantas y
la profundidad de siembra es desuniforme, o aún peor, porque en estos casos no
sólo el tamaño de espigas va a ser desuniforme sino también el tamaño de plantas
(principalmente el diámetro de los tallos y la altura de inserción de la
espiga), pero los lotes mal sembrados no son ninguna novedad, aparte están
presentes tanto en los años buenos como en los malos.
Esta desuniformidad del tamaño de espigas, ocasiona que al
momento de cosecha, las espigas de menor tamaño sean muy difíciles de recolectar
por lo tanto la máquina tiende a desgranarlas, también hay que tener en cuenta
que estas espigas de menor tamaño tienen una menor humedad al momento de cosecha
en relación a las espigas de mayor tamaño, por lo tanto mientras más pequeñas,
más susceptibles al desgrane serán.
También existen diferencias entre los híbridos
comercializados en relación a la tenacidad de la inserción de la espiga al tallo
y de la facilidad con que estas espigas son deschaladas por la plataforma.
Teniendo también estos dos últimos factores citados influencia directa sobre la
facilidad al desgrane por plataforma.
Todo lo anteriormente citado está relacionado con factores
del cultivo, mientras que los dos factores relacionados con la máquina que
tienen mayor importancia al momento de disminuir las pérdidas por desgrane de la
plataforma son la velocidad de avance y la regulación de las placas
espigadoras.

Figura 1.
En cuanto a la primera, la velocidad óptima de
trabajo es la más rápida a la cual nos deja andar el cultivo y las pérdidas
ocasionadas son las menores posibles. Como dato orientativo, una velocidad de
avance adecuada estará entre 3.5 y 5 kilómetros por hora. A esta velocidad se
tendría que poder caminar cómodamente al lado de la máquina, desde el momento
que “cuesta seguirle el tranco a la cosechadora” empieza a tornarse excesiva la
velocidad de avance. Por otro lado hoy día con colocar un GPS en la cabina de la
cosechadora podemos tener el dato al instante de las velocidades máxima y media
a la cual se está trabajando.
Si la velocidad de avance es excesiva, la plataforma
arrancará la espiga del tallo en su parte posterior de las placas espigadoras,
amontonando varias espigas al mismo tiempo ocasionando que algunas se caigan por
delante de la plataforma y otras sufran desgrane, lo ideal es que el arrancado
de la espiga se dé en la mitad del recorrido de la cadena acarreadora.

Figura 2.
Una vez solucionado el tema de la velocidad, hay que
regular correctamente la luz de las placas espigadoras la cual se
determinará en relación al diámetro de los tallos y al tamaño de las espigas.
Si estos dos factores son uniformes en el cultivo la
regulación del cabezal es sencilla pero si alguno de estos dos es desuniforme en
el surco, determinar la luz de las placas espigadoras no es un problema tan
sencillo de solucionar.
Una regla práctica para la regulación de las placas
espigadoras es empezar a trabajar con las placas lo más cerrado posible e ir
abriéndolas de a un punto hasta que la máquina no se atore con frecuencia. En
este punto las pérdidas por desgrane serán tolerables y los problemas de
atoraduras serán mínimos.
En el siguiente cuadro se pueden ver en forma detallada los
niveles de pérdidas actuales y sus tolerancias (Fuente: INTA Manfredi).
|
MAÍZ |
PÉRDIDAS |
TOLERANCIA para 7000 kg/ha |
|
Tipos de pérdidas |
kg/ha |
% |
kg/ha |
% |
|
Precosecha |
65 |
0,9 |
0 |
0 |
|
Cosechadora |
320 |
4,6 |
210 |
3 |
|
Total de pérdidas |
385 |
5,5 |
210 |
3,0 |
|
|
|
|
|
|
|
Cosechadora 320 kg/ha |
|
Tipos de pérdidas |
kg/ha |
% |
kg/ha |
% |
|
Cabezal |
233 |
72 * |
130 |
62 ** |
|
Cola |
87 |
28 * |
80 |
38 ** |
* Porcentaje sobre un 100% de pérdidas por cosechadora de 320 kg/ha;
** Porcentaje relativo sobre el total de la tolerancia de pérdidas
ocasionadas por la cosechadora 210 kg/ha.
Aclaración: las tolerancias son orientativas porque dependen
mucho de la situación del cultivo, si el rendimiento es menor o mayor al
indicado se debe dejar de lado el porcentaje y mantener las tolerancias en kg/ha.
Si el cultivo se encuentra volcado y/o con ataque de Diatraea, las tolerancias
son mayores.
Tendencias tecnológicas de un cabezal maicero actualizado
- Puntones y capos de perfil bajo y agudo, de fácil
regulación, con sistema de plegado sencillo y de rápida remoción. Material de
construcción liviano, preferentemente de plástico con diseño reforzado, capaz
de penetrar debajo de plantas caídas, levantarlas y entregarlas
individualmente erecta a los rolos de tracción.
- Bastidor con un diseño de ángulo de trabajo tal que
permita a los baldes de la cadena rozar el suelo en su punto más bajo.
- Cadenas recolectoras con gran amplitud de ingreso de
plantas y cucharas concéntricas de fácil regulación tanto en la velocidad como
en la tensión.
- Rolos espigadores o de tracción de perfil cuadrado o
pentagonal, diseño tronco-cónico, con chapas plegadas de fácil recambio o bien
de bordes cortantes, que realicen un quebrado del tallo sin llegar a cortarlo
volviéndolo mas frágil (Figura 2).
- Placas espigadoras con diseño que eviten el desgaste
y el corte de plantas y además dispongan de fácil regulación mecánica,
preferentemente hidráulica o eléctrica desde la cabina del operador, con un
indicador de referencia ubicado en un lugar visible para el conductor (Figura
1).
- Placas gramilleras de fácil regulación y resistente
al desgaste.
- Válvulas de retención de espigas de goma, de buen
diseño y fácil recambio.
- Sinfín con gran altura de alas para espigas de gran
tamaño paso amplio y bajo régimen de giro. Alabes entrecruzados en su parte
central para una mejor alimentación central de cilindro trillador. Palas
entregadoras centrales con diseño tangencial para evitar el voleo de espigas.
Zafes del sinfín de alta sensibilidad y duración.
- Pantalla de alambre reforzada ubicada sobre el
embocador para evitar el voleo de espigas por parte del sinfín.
- Puntones laterales de diseño agudo, de perfil suave
y alto, con su parte superior ancha para guiar a las plantas sin provocar el
desprendimiento de espigas.
- Cabezales livianos, con facilidad de adaptación a
las diferentes distancias entre hileras de 52.5 a 70 cm.
- Cajas de mandos construidas de material liviano y
equipadas con zafes individuales por hilera (cuerpo), con alta sensibilidad y
duración.
- Facilidad de adaptabilidad de la velocidad de giro
del cabezal para diferentes estados del cultivo y cosechadoras, en un futuro
cercano las cosechadoras tendrán como equipo estándar regulación de la
velocidad del cabezal coordinado automáticamente con la de avance de la
cosechadora (Figura 2).
- Equipamiento de seguridad completo en lo posible
bajo normalización IRAM, protección de todos los órganos en movimiento,
calcomanías de alerta y de regulaciones elementales, detalles instructivos de
funcionamiento.
- Manual de mantenimiento y funcionamiento correcto,
con regulaciones básicas de acuerdo al estado del cultivo.
- Buena asistencia mecánica y servicio de atención al
cliente con disponibilidad de repuestos en todo el país.
Evaluación de pérdidas:
Antes de hacerle parar la cosechadora al maquinista y
causarle una demora hay que tener muy en claro tres cosas:
- Cuánto está perdiendo la máquina.
- Por dónde está perdiendo.
- Por qué motivo puede estar perdiendo por ese lugar.
Una vez que se tiene en claro estas tres cosas, uno está
realmente en todo su derecho de detener al maquinista y ponerse a trabajar en
conjunto para disminuir las pérdidas hasta un valor tolerable (por debajo de los
200 kg).
Por la época del año en que nos encontramos, carece de
sentido práctico ponerse a describir cómo es la metodología de evaluación de
pérdidas. Pero sí es importante destacar que todos los esfuerzos que hagamos en
cuanto a capacitación desde ahora hasta la próxima campaña se verán reflejados
sus resultados “al momento de llenar los silos”.
Para esto, el INTA por medio del PRECOP
ofrece todas las herramientas necesarias para poder capacitar a los responsables
de la cadena productiva y de esa forma poder disminuir las pérdidas que tienen
solución.
Por último, si logramos que esos granos que hoy día van a parar
al piso dejen de hacerlo los que nos vemos beneficiados somos todos los
argentinos, cada grano recuperado es más trabajo para todos y el trabajo es la
clave para que nuestro país sea el que todos los hombres honestos estamos
deseando que sea.
Más información:
Ing. Agustín Servera - INTA EEA Balcarce
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