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Es indiscutible la relevancia del productor papero del
Sudeste de la Provincia de Buenos Aires en la historia de la economía regional
y del país. Este protagonismo ha requerido de mucho esfuerzo, profundizándose
éste en la década de los noventa, en coincidencia con el plan de
convertibilidad. La política económica llevada adelante durante ésta década
fue clave para la desaparición de muchos de los típicos productores de papa y
la aparición de nuevos actores en la actividad.
Hasta el año pasado, la posibilidad de financiamiento a
través de diferentes canales permitió que los productores que tenían
inconvenientes financieros subsistieran en el sistema hasta que una campaña
aceptable les permitiera recomponer sus finanzas. La posibilidad de obtener
semilla a devolver a cosecha, de hacer contratos con industrias (con sus
teóricos beneficios de asistencia en insumos y asesoramiento), de obtener
productos de la "agronomía" a pagar en "junio", etc.,
fueron todos factores que sin dudas permitieron sobrevivir a esos productores
que hoy ya no están en la actividad. Es sabido que en general el costo de
producción por bolsa en chacra ha sido siempre superior a los U$S 4; sin
embargo en los últimos 10 años, casi siempre el precio de venta fue inferior a
ese valor.
¿Qué permitió a parte de esos productores que aún
teniendo importantes pérdidas pudieran subsistir? Fueron precisamente todas
esas alternativas de financiamiento ya mencionadas. ¿Es posible entonces pensar
que esos productores fueron racionales durante ese ciclo? Si esos factores le
permitieron seguir en la producción y no poner en juego parte de su activo
fijo, podríamos suponer que efectivamente actuaron racionalmente. Pero, si
consideramos que un gran porcentaje de esos productores han tenido que dejar la
actividad o han comprometido gran parte de su capital de trabajo, sencillamente
podemos concluir que no han sido muy racionales.
Al igual que otras actividades agropecuarias, la
producción papera está seriamente afectada y deberá sin dudas enfrentar la
nueva campaña en un escenario para nada auspicioso:
- Falta de financiamiento, y en caso de existir, con
altas tasas de interés.
- Volatilidad del dólar, que implica alto costo de
los insumos.
- Precio del producto dependiente de una demanda
interna en crisis.
- Inadecuado grado de articulación entre producción
primaria e industria.
- Falta de conciencia exportadora.
- Posible incremento de costos fijos.
- Continua poca transparencia de mercados.
- IVA del 21 % en los insumos y del 10,5 % en la
venta.
- Probable reiteración de fenómenos climáticos
adversos.
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En función de este panorama nada alentador: ¿Es posible
que la "bolsa de papa" supere los U$S 4 en la próxima campaña?
Esta incógnita en parte se ha dilucidado este año, en el
que a pesar del fracaso productivo y con momentos de casi desabastecimiento
total tanto en el mercado de fresco como de la industria, el precio no superó
en ningún momento esa cotización.
¿Qué puede cambiar, en un país en crisis con 50 % de
desocupados y subocupados, y sueldos congelados?
¿Qué puede cambiar, con industrias que no pueden ofrecer
contratos que permitan obtener un mínimo margen para el productor, aduciendo
problemas de costos?
¿Qué puede cambiar, con la falta de reacción que el
típico productor papero demuestre que es tan racional como cualquier empresario
o productor exitoso, y que los fracasos se debieron en gran parte a factores
extrínsecos, a condiciones que él no pudo manejar.
Queda en el productor reconvertirse, trasladándose a
actividades más estables o al menos con mercados dolarizados, o bien
continuando en la producción de papa tomando ciertos recaudos: sembrando menos,
haciendo alianzas estratégicas con otros actores de la cadena comercial y
agroindustrial compartiendo riesgos. El cultivo de papa es insumo dependiente, y
la única forma de reducir el costo por unidad de producto es logrando altos
rendimientos, para lo cual es necesario la utilización de insumos en forma
intensiva. A modo de ejemplo, vale citar que para la próxima campaña, se
estima que el costo de producción de una hectárea de papa, con un rinde
estimado de 750 bolsas, rondaría los $ 7500 /ha o $ 10 /bolsa, considerando un
dólar de $ 4.
Es indiscutible que en esta próxima campaña aparecerán
una serie de condicionantes que en años anteriores no se presentaban:
iliquidez, inestabilidad política y económica del país, desaparición del
financiamiento bancario y comercial, fragilidad de la moneda, demanda en crisis,
entre otros. Todo esto llevará al productor a reflexionar sobre su continuidad
en una actividad que no tiene su producto dolarizado y en el cual debe invertir
varios miles de pesos, que en algunos casos no son propios. Foto.
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