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Los cultivos comerciales están sometidos a la
acción adversa de patógenos (virus, hongos, bacterias), de plagas, y del
ambiente (sequías, heladas, altas temperatura), que pueden afectar
negativamente la producción y poner en riesgo la cosecha. Los factores
adversos pueden controlarse mediante estrategias de manejo del cultivo o
la utilización de cultivares resistentes o tolerantes. Estas estrategias
deben proveer niveles aceptables de control, ser de fácil aplicación,
seguras para el ambiente y efectivas en relación al costo. La aplicación
de pesticidas, por ej., contamina el ambiente y no necesariamente
satisface los otros requisitos como el uso de cultivares resistentes o
tolerantes, que además es seguro y "amigable" para el ambiente.
La relación entre las plantas y los factores
adversos es dinámica. Constantemente aparecen patógenos y plagas con
nuevos genotipos por reproducción sexual o mutación (cambio espontáneo
o inducido en el material genético). Algunos de ellos pueden ser
resistentes o tolerantes a los pesticidas en uso o superar la resistencia
del cultivo, multiplicándose rápidamente y poniendo en riesgo la
producción. Por eso, el desarrollo de cultivares es un proceso continuo.
El fitomejorador tiene que generar constantemente materiales con
características deseables desde el punto de vista comercial, culinario o
industrial (de acuerdo al uso que se dará a la producción) y agrónomico
(para superar las restricciones impuestas por los factores adversos y
asegurar la cosecha). Para ello, tiene que disponer de variabilidad
heredable para los caracteres que desea combinar en el nuevo cultivar. Las
fuentes naturales de variabilidad son otros cultivares, materiales
avanzados del mejoramiento genético, y especies emparentadas cultivadas y
silvestres.
También puede recurrir a mutaciones inducidas por
agentes químicos o físicos o a la transferencia de genes mediante
biotecnologías (transgénesis). Sin embargo, cuando se inducen mutaciones
no se sabe qué genes mutarán ni qué cambios se inducirán, y la
transgénesis hace uso de la variabilidad natural existente. Tanto si se
usan técnicas convencionales (como cruzamientos y selección) o
biotecnologías, los materiales que se generan tienen que ser evaluados en
el campo por las interacciones con el ambiente.
La obtención de un cultivar demanda entre 10 y 15
años. Los materiales genéticos que están en el sistema de
investigación y desarrollo van perdiendo su valor a una determinada tasa
anual (aproximadamente 7%) por las interacciones con el ambiente y las
demandas del mercado.
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