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Instituto Nacional
de Tecnología Agropecuaria 

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Año 1 - Nº 3 
Julio / Agosto / Setiembre / 2002

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Enfermedades y plagas de la papa

TIZÓN TARDÍO (Phytophthora infestans (Mont.) De Bary.)

Ing. Agr. Jorge D. Mantecón (Fac. Cs. Agr.)

El tizón tardío es la enfermedad fúngica más grave de las distintas zonas productoras de papa de la Argentina. Bajo condiciones de temperatura templada y de alta humedad ambiente o de abundantes lluvias puede causar grandes pérdidas económicas. La enfermedad produjo en la última década en el SE Bonaerense pérdidas potenciales totales equivalentes al 50% del rendimiento; éstas pérdidas fueron aún mayores si se considera el rendimiento de tubérculos comerciales, principal producto del cultivo.  

El mayor efecto que causa esta enfermedad es la disminución de la cantidad y calidad de los tubérculos comerciales. Los tubérculos cosechados que se hallan infectados resultan poco apropiados para almacenarlos en cámaras, ya que la enfermedad permanece latente a bajas temperaturas y se reactiva cuando los tubérculos son retirados del frío.

Si son plantados posteriormente constituirán el inóculo primario para infectar un nuevo cultivo. 

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Foto 1. Click para ampliar

SÍNTOMAS

En el follaje aparecen lesiones de color castaño oscuro y aspecto húmedo, que en pocos días se vuelven más claras cuando están secas. Las características más importantes de estas manchas son que comienzan por los bordes de las hojas, de forma irregular y no respetan las nervaduras (Foto 1). En condiciones de alta humedad ambiente, se hace visible la esporulación blanca del patógeno (micelio), principalmente en el envés de las hojas.

Algunas veces se forma un borde amarillo pálido alrededor de la lesión de la hoja que coincide con el progreso de la enfermedad. En los tallos, las lesiones son negras o castaño oscuro. En los pecíolos, produce los mismos síntomas que avanzan hasta producir la defoliación total de la planta. El micelio produce innumerable cantidad de esporas (zoosporas) que son lavadas por la lluvia o riego, penetrando en el suelo a través de grietas, alcanzando los tubérculos e infectándolos a través de heridas o de las lenticelas. Este proceso se ve sensiblemente favorecido en condiciones de exceso de humedad en el suelo. Cuando la infección se generaliza, el patógeno invade todo el tejido del tubérculo, ocasionando una pudrición seca de color castaño oscuro (papa chocolate) que generalmente termina en una pudrición húmeda porque es invadido por patógenos secundarios, principalmente bacterias. Temperaturas de 10ºC a 25ºC junto a rocíos abundantes o lluvias y suelos saturados favorecen el desarrollo de la enfermedad.

CONTROL

Foto 2. Click para ampliar

El patógeno vive naturalmente en el suelo; al cultivo de papa sólo afecta tejido vegetal vivo. Por esta razón, las plantas espontáneas de papa y los tubérculos desechados en campos adyacentes son fuente secundaria de infección y deben ser eliminados.

Los cultivares de papa más difundidos en la Argentina son susceptibles aunque en la actualidad existen fuentes genéticas de resistencia a la enfermedad. Dada la importancia y los efectos que la enfermedad produce en el cultivo, se la controla químicamente. para lograr un cultivo rentable económicamente. Las estrategias para el correcto control del tizón tardío se basan en la aplicación preventiva de funguicidas durante todo el ciclo del cultivo. La frecuencia de las aplicaciones depende de las condiciones climáticas y del momento del ciclo del cultivo. La más común varía entre 7 y 14 días, según se consideren funguicidas no-sistémicos o de contacto y sistémicos. Obviamente la frecuencia de aplicación aumentará cuando persisten condiciones climáticas favorables para el desarrollo de la enfermedad y cuando la masa vegetal sea abundante y el cultivo se encuentre en plena tuberización. Foto 2.

Durante las primeras etapas del cultivo (80-85 días) se recomienda la utilización de funguicidas sistémicos para obtener las mejores ventajas fisiológicas; éstos pueden ser también usados en la parte final del cultivo. No se recomienda el uso de funguicidas sistémicos en forma continua para evitar la posible selección de cepas resistentes del patógeno. Existen resultados positivos en cuanto a que estos funguicidas aumentan su eficiencia en el control de la enfermedad cuando son utilizados en intervalos entre aplicaciones de 7 días y en dosis correspondientes. No existe ninguna razón técnica que sustente la difundida creencia que mezclando funguicidas protectores (no-sistémicos) en la misma aplicación, se aumenta la eficiencia de control de la enfermedad y disminuye la selección de resistencia.

La rotación de fungicidas protectores (no-sistémicos) durante el cultivo no tiene ningún efecto sobre la selección de cepas de P. infestans resistentes.

 
 

 

 

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